El pasado mes de julio, ante la Vicefiscalía de Personas Desaparecidas en Jalisco fue presentado un reporte de desaparición de un joven de alrededor de 20 años originario de San Pedro Tlaquepaque. Lo último que sus familiares supieron de él era que se dirigiría a un rancho para responder a una oferta de trabajo. Entonces, las alertas se encendieron.
Desde meses atrás, las dinámicas de reclutamiento por parte del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) han sido identificadas tanto por parte de autoridades estatales y federales como por la población civil. El caso de aquel joven contaba con indicios clave: una oferta de trabajo tentadora, un lugar remoto o desconocido al cual dirigirse y la incomunicación con su familia. Las pistas resultaron suficientes para que los trabajos de inteligencia siguieran su rastro hasta una finca en Tecaliltlán en la región sur del estado.
No se equivocaron. En aquel lugar operado por el también llamado cártel de las cuatro letras no sólo fue localizado el joven y ocho personas más que presuntamente fueron reclutadas por la fuerza sino que autoridades descubrieron algo más: el predio era utilizado como una clínica clandestina para atender a miembros del CJNG heridos.
Las condiciones del predio por sí solas generaron impresión entre la opinión pública, no obstante, también evidenciaron cómo vivir al margen de la ley ha orillado tanto a miembros de organizaciones delictivas como a sus propios líderes a recurrir por sus propios medios a operar centros de atención médica. ¿El objetivo? Eludir cualquier tipo de presencia de autoridades o de grupos rivales. ¿El precio? Insalubridad o una servicio deficiente.
La clínica clandestina del CJNG
Entre estatuillas de la Santa Muerte y múltiple indumentaria el fiscal del estado, Salvador González de los Santos, precisó que en aquel predio de Tecaltitlán había indicios de que se aplicaban tratamiento especializados a miembros del CJNG que resultaban heridos en enfrentamientos u otras actividades relacionadas a la organización delictiva.
El fiscal de Jalisco detalló también que las ocho personas liberadas tienen entre 16 y 43 años, además de que son originarias tanto del mismo estado como de la Ciudad de México, Guerrero, Michoacán, Sinaloa y Jalisco. Dos de ellos usan muletas mientras que otros fueron sometidos a cirugías para ponerles clavos quirúrgicos en sus lesiones.
Tal y como reportó Luis Gómez para MILENIO, tanto las condiciones en las que fueron localizados los jóvenes como el hallazgo de insumos médicos especializados motivó que la fiscalía estatal abriera una línea de investigación para determinar si profesionales de la salud de la región colaboraban directamente en el sitio y las seis personas que lo operaban quienes fueron arrestadas y puestas a disposición de un juez por su presunta responsabilidad en los delitos de trata de personas y desaparición cometida por particulares.
El hecho de que miembros del CJNG operen su propia clínica clandestina no es casualidad pues fue su propio fundador, Rubén Oseguera Cervantes, El Mencho, quien desde años atrás había mandado construir un hospital para su propia atención médica.
El hospital de El Mencho
A 300 kilómetros del centro de Guadalajara, en la parte alta de la Sierra de Villa Purificación, un modesto inmueble en la comunidad de El Acíhuatl fue identificado como uno de los refugios del fundador del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Información recopilada por el periodista Víctor Hugo Ornelas para MILENIO da cuenta de que el también llamado Hospitalito está conformado por cuatro consultorios, seis camas y áreas para diversas actividades.
La construcción contrasta con el panorama rural de la región. Su acceso es tan complicado como su salida de modo que se volvió el centro médico ideal para atender a un personaje del calibre del Mencho. Según contaron habitantes de la zona al citado periodista, fue después de dicho suceso que el inmueble fue remodelado, alrededor de 2011.
Antes de que Rubén Oseguera Cervantes muriera tras el enfrentamiento que desató su cuerpo de seguridad para impedir su arresto el pasado 22 de febrero en Tapalpa, Jalisco, el mismo titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Omar García Harfuch, confirmó que El Mencho padecía de afectaciones renales.
El alto perfil que tenía al encabezar a la que es considerada como la organización delictiva de mayor expansión en el país, hacía de su visita a un hospital público o privado un inminente riesgo, algo que logró eludir con aquel Hospitalito incrustado en las entrañas de Villa Purificación.
El hospital de El Mayo
El Mencho no fue el único líder de un cártel en México que se rehúsaba a salir de la sierra para recibir atención médica, Ismael El Mayo Zambada también hizo lo propio. De acuerdo con información que su abogado, Frank Pérez, compartió al periodista Angel Hernández para MILENIO, el también llamado señor del sombrero presentó diversas afectaciones a su salud tanto física como mental.
Si bien ahora es su estado de salud el que ahora podría ayudarlo a no pasar el resto de sus días en una prisión súper estricta en Estados Unidos, durante el tiempo que transitó impune en México, El Mayo Zambada también buscó la forma de acceder a servicios de salud. Y lo logró.
En entrevista con el periodista Luis Chaparro, Dámaso López Serrano, alias El Mini Lic, relató que el cofundador del Cártel de Sinaloa había mandado a adaptar la caja de un trailer como un hospital para su propia atención médica y la de sus allegados, incluyendo el propio Joaquín Guzmán Loera.
Según su relato, el tráiler contaba con lo necesario para incluso realizar cirugías de emergencia además de que por sus proporciones era posible transportarlo a lugares de difícil acceso o poco conocidos tanto para autoridades como para organizaciones rivales.
Fuentes consultadas por el citado periodista refirieron que en el contenedor metálico de 12 metros El Mayo Zambada recibió tratamientos especializados como diálisis e, incluso, una cirugía reconstructiva de nariz.
Múltiples son los casos en los que pistoleros han ingresado a salas de hospital a “rematar” a sus objetivos o que autoridades cumplimentan órdenes de aprehensión mientras las personas se recuperan. Para El Mayo y El Mencho dicho panorama nunca fue una opción y, aunque sus respectivos destinos los alcanzaron ya sea entre balas o entre rejas, aquel legado que dejaron sigue de cerca sus pasos… incluso cuando de atender su salud se trata.
ATJ