Según la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB), hay un acumulado de 131 mil 882 personas desaparecidas y no localizadas en los últimos 74 años de historia en México, cifra que ha aumentado por lo menos en los últimos nueve años.
Detrás de cada persona reportada como desaparecida hay una familia, abuelos, hermanos, amigos, un padre y una madre que no dejan de buscarlos.
En el caso de las llamadas madres buscadoras, cada año —con palas y picos, pero sobre todo con esperanza— realizan jornadas de búsqueda para encontrar a sus seres queridos.
Es por eso que este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, MILENIO te recuerda que estas madres buscadoras también son víctimas de la violencia en el país. Te contamos la historia de algunas de ellas.
Ceci Flores: tres golpes al corazón
Ceci Flores será siempre recordada como la mujer que le pidió una tregua al crimen organizado en el tema de desapariciones en México. Su lucha comenzó en 2015, cuando uno de sus hijos fue secuestrado en Los Mochis, Sinaloa.
La madre buscadora ha contado en repetidas entrevistas que su hijo, Alejandro Guadalupe, de 21 años, se ofreció a darle un ride a dos amigos, quienes supuestamente tenían vínculos con el crimen organizado.
En un momento del trayecto, los jóvenes fueron interceptados y 'levantados' (término coloquial para referirse al delito de privación ilegal de la libertad), entre ellos el hijo de Flores. Ese 30 de octubre de 2015 cambió por completo la vida de la mujer.
La madre de seis hijos fundó un colectivo llamado Madres Buscadoras de Sonora, de la mano de 60 mujeres que han vivido la misma situación.
Sin embargo, en 2019 la activista sufrió otro duro golpe, mejor dicho, dos: 12 hombres armados ingresaron por la fuerza a la casa de otro de sus hijos, Marco Antonio, de 31 años, a quien secuestraron junto con su hermano Jesús Adrián, de 13.
Con la ayuda de otras madres buscadoras, Ceci Flores descubrió quién había secuestrado a sus hijos, lo buscó y le pidió que los liberara.
El “regalo” llegó el 10 de mayo de ese año. Flores recibió una llamada en la que le dijeron que le tenían un "obsequio" por el Día de las Madres: le regresaron a su hijo de 13 años, pero Marco siguió privado de su libertad.
La postura de Ceci Flores fue clara: “Los dos son mis hijos”, por lo que siguió en la lucha.
MILENIO contactó a la activista en el marco del 8M para saber cómo vive el Día Internacional de la Mujer y si las madres buscadoras tienen una agenda especial.
“Para las madres no hay días festivos. No hay nada que celebrar ni que festejar. Todos los días son iguales: son de lucha y de alzar la voz por los que han callado”, respondió.
Ceci Flores contó que cada marzo las madres buscadoras reciben invitaciones a eventos conmemorativos del Día de la Mujer, pero para ella lo único importante son las jornadas de búsqueda.
—¿Te gustaría que en el 8M se le diera más visibilidad a la causa de las madres buscadoras?—
“Así es”, apuntó.
Jaky Palmeros: una lucha que no termina
La historia de Jacqueline Palmeros como madre buscadora empezó el 24 de julio de 2020, cuando su hija Jael Monserrat Palmeros desapareció entre los límites de las alcaldías Iztacalco e Iztapalapa, en Ciudad de México.
Casi cinco años después del caso, en enero de 2025, encontró algunos restos óseos de su hija escondidos en la zona del Ajusco. Aunque sabía que nunca más podría verla, decidió seguir en la lucha.
Tras la desaparición de Jael Monserrat, su madre fundó el colectivo Una Luz en el Camino, grupo que se mantiene activo apoyando a otras mujeres que han pasado por lo mismo, sumándose a jornadas de búsqueda en la capital del país y difundiendo fichas de personas desaparecidas.
MILENIO ha platicado varias veces con ella. En una de las entrevistas acusó que las familias de los desaparecidos son revictimizadas durante todo el proceso.
“Muchas veces, los ministerios públicos, los policías o la misma Comisión de Búsqueda no saben ni siquiera los protocolos a seguir. No tienen bien identificado lo que es una entrega o notificación digna. Desconocen la Ley General de Víctimas y el protocolo homologado para casos de menores de edad y adolescentes extraviados”.
En noviembre, MILENIO conversó con la activista para saber qué pensaba del nuevo Centro de Atención Integral para la Búsqueda de Personas (CAIBP), un organismo que tiene como objetivo brindar una mejor atención a las familias de personas desaparecidas en la Ciudad de México. Su postura fue clara: “Escucharon nuestra voz”.
La creación del CAIBP ayudará a mejorar la atención a los familiares de personas desaparecidas. Pero, —¿no crees que debe existir una mejor estrategia para reducir los casos?—, se le preguntó a la fundadora del colectivo.
“Se tiene que trabajar de una manera interna, muy de la mano con el titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), Pablo Vázquez Camacho. La Fiscalía tiene que darle un giro totalmente al tema de seguridad. Mientras no haya una mejor seguridad y sentencias ejemplares, van a seguir ocurriendo desapariciones”.
Jaky Palmeros asegura que sigue en la lucha porque espera encontrar todos los restos de su hija. Ella parió a un ser humano completo, no por partes.
En otra entrevista con MILENIO, la mujer narró su rutina cuando se une a una jornada de búsqueda: todo comienza a las 05:00 horas y, tras bañarse y alistar su ropa, prende una veladora a su hija con un solo propósito… que desde el cielo la ayude a encontrar a otras personas desaparecidas.
“¡Hasta que la dignidad se haga costumbre! Las mujeres buscando al país están cambiando”.
María del Carmen Volante: “Ustedes son mis pies y ojos”
El 5 de noviembre de 2017, una joven llamada Pamela Gallardo asistió, junto con su novio y dos amigos, al festival de música electrónica Tech Soul, en el Ajusco.
Se sabe que la joven, quien hoy tendría casi 30 años, se separó del grupo tras una discusión con su novio. Nunca más se supo nada de ella.
Desde ese día, María del Carmen Volante se volvió madre buscadora. Ella, junto con familiares y amigos de Pamela, comenzó una búsqueda para dar con la joven. Hasta la fecha se contabilizan más de 400 jornadas para encontrarla.
La joven desapareció entre el kilómetro 3.5 y el 12.5 de la carretera Picacho-Ajusco —donde se llevaba a cabo el Tech Soul—; sin embargo, las autoridades identificaron que la última conexión, vía GPS, de su celular fue en el kilómetro 18, desde donde sus familiares la siguen buscando.

“Ustedes son mis pies y mis ojos. Al final de la búsqueda les voy a preguntar qué hicieron estos —refiriéndose a las autoridades— y ustedes me van a decir quién nada más viene a hacerse pendejo (sic)”, pidió ese día la mamá de Pamela a los solidarios de una jornada de búsqueda en marzo de 2025.

En el caso de Pamela, no solo hay una madre que sigue buscándola. Esteban Gallardo, hermano de la desaparecida, la recuerda por su sueño: abrir una zapatería y estudiar medicina forense. En cada jornada de búsqueda se queda hasta el fondo del bosque para asegurarse de que todos regresen.
Rosario Ibarra de Piedra: pionera en la búsqueda de desaparecidos
Originaria de Saltillo, Coahuila, Rosario Ibarra de Piedra se convirtió en una de las primeras activistas y fundadoras de organizaciones de madres, padres y familiares de personas desaparecidas.
Su lucha comenzó el 19 de abril de 1975, cuando su hijo, Jesús Piedra Ibarra, fue acusado de pertenecer a la Liga Comunista 23 de Septiembre, un grupo guerrillero. El joven fue detenido y posteriormente desaparecido.
El gobierno de México resalta que la mujer reunió a cientos de 'solidarios' —mote con el cual se conoce a las personas que se suman a las jornadas de búsqueda— para presionar a las autoridades en los casos de desaparición forzada.
“Tras dos años de intensas manifestaciones, en 1977, Rosario Ibarra de Piedra fundó el Comité Pro-Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos, conocido como el Comité ¡Eureka!”, menciona un artículo de la Secretaría de Gobernación (Segob).
En vida, y bajo la consigna “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”, su colectivo encontró a casi 150 personas desaparecidas con vida y presionó para que no hubiera impunidad en sus casos, principalmente durante los sexenios de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría.
Su lucha siempre estuvo basada en exigir respeto y protección de los derechos humanos, así como en defender las libertades políticas y sociales, además del apoyo al sector campesino y obrero.
Gracias a su activismo, el Congreso de la Unión aprobó y promulgó la Ley de Amnistía, la cual garantizó la libertad para presos políticos, el regreso de exiliados al país y la cancelación de órdenes de aprehensión.
“La labor de Rosario Ibarra de Piedra la llevó a ser candidata a la Presidencia de la República. También participó en protestas contra el fraude electoral y fue nominada, por su lucha, al Premio Nobel de la Paz”.
Las autoridades mexicanas destacan su papel en la búsqueda de personas desaparecidas, ya que, como mujer en esa época, no era común que se permitiera el liderazgo femenino. También recibió apoyo de diversos movimientos sociales, incluida la comunidad LGBTQ+.
Rosario Ibarra murió el 16 de abril de 2022 sin poder encontrar a su hijo, pero dejando un gran legado en materia de derechos humanos. La madre buscadora se fue de este mundo no sin antes encomendar una misión al entonces presidente Andrés Manuel López Obrador:
“No quiero que mi lucha quede inconclusa. Es por eso que dejo en tus manos (AMLO) la custodia de tan preciado reconocimiento y te pido que me la devuelvas junto con la verdad sobre el paradero de nuestros queridos y añorados hijos y familiares”. Eran las palabras de la activista que su hija leyó en su nombre en la ceremonia de la Medalla Belisario Domínguez.
Estela Macías Zepeda: reclutamiento de jóvenes en Edomex
El 4 de marzo de 2026, madres buscadoras del colectivo Flores en el Corazón dieron una conferencia en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), en el marco del Día Internacional de la Mujer.
Ante estudiantes universitarios, Estela Macías Zepeda platicó que, desde el 4 de abril de 2023, su hija María Fernanda Rodríguez Zepeda y su pareja, Daniel Arturo Chávez Valdés, desaparecieron en la colonia El Panteón, en el municipio de Lerma.
Desde entonces, la madre buscadora quedó a cargo de tres niñas de esa relación, quienes actualmente tienen 4, 6 y 9 años de edad.
La mujer reconoció el cansancio que generan las jornadas de búsqueda, pero —aseguró— no pierde la esperanza de encontrar a sus familiares. ¿La motivación? Sus nietas.
“No debería existir que alguien más desaparezca a un ser humano. Ojalá ustedes, como alumnos, como jovencitos, se cuiden; tengan mucho cuidado de sus amistades. No todos los desaparecidos lo están porque andaban en malos pasos. Hay muchos temas por los cuales yo les pido que se cuiden mucho”, señaló en el foro que cubrió el reportero de MILENIO, Bernardo Jasso.

Durante el mismo evento, la lideresa del colectivo, Elizabeth Machuca, aseguró que hay una tendencia creciente de reclutamiento de jóvenes por parte del crimen organizado en el Estado de México.
“Vivimos muchas violencias: la económica, la institucional, la administrativa, incluso por parte de la ciudadanía, ya que dicen ‘desaparecen porque a lo mejor hicieron algo o eran parte de algo’. Yo creo que nosotros no somos quiénes para juzgar.
"Hay muchas personas desaparecidas por el crimen organizado, pero no porque hayan hecho algo, sino porque están siendo reclutados los jóvenes.
“Están siendo reclutados dentro del Estado de México. Tenemos un caso de una persona que regresó con vida. Después de dos años pudo escapar del reclutamiento”, señaló la madre buscadora.
Las madres buscadoras resaltaron que el colectivo Flores en el Corazón fue la primera organización de su tipo fundada en el Valle de Toluca, donde, desde 2020, realizan jornadas de búsqueda con el apoyo de casi 30 personas.
María Herrera: entre las 100 mujeres más influyentes del mundo
En 2023, el nombre de María Herrera Magdaleno apareció en la lista de Las 100 personas más influyentes del mundo de la revista Times. ¿El motivo? Sus 15 años de lucha por encontrar a cuatro de sus hijos desaparecidos.
“Tuve ocho hijos, pero me quedaron ocho. Y digo ocho porque quiero creer que mis cuatro hijos desaparecidos viven. No sé dónde me los tengan, no sé a qué me les estarán obligando a hacer, pero yo creo que mis hijos están vivos. Y yo los busco vivos”, le dijo al periodista Diego Enrique Osorno.
Investigaciones de Anel Tello para MILENIO indican que María Herrera Magdaleno es originaria de Pajacuarán, Michoacán. Se casó con Guillermo Trujillo Adame, con quien tuvo ocho hijos: María, Rafael, Juan Carlos, Miguel Ángel, Gustavo, Jesús Salvador, Luis Armando y Raúl.
María Herrera se convirtió en madre buscadora el 28 de agosto de 2008, cuando Raúl y Jesús Trujillo Herrera desaparecieron sin dejar rastro en el estado de Guerrero.
De acuerdo con la reconstrucción de los hechos realizada por el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh), los hermanos Trujillo Herrera salieron, junto con cinco compañeros de trabajo, a un viaje de compra y venta de metales desde Pajacuarán, Michoacán, con rumbo a Atoyac, en el estado de Guerrero.
Una vez en el municipio guerrerense, habitantes de la localidad les advirtieron sobre la fuerte presencia del crimen organizado y sobre posibles desapariciones.
Raúl y Jesús hicieron caso omiso y acudieron a un bar, donde llegaron hombres armados. Esa fue la última vez que se les vio.
Con el objetivo de obtener recursos para financiar la búsqueda de sus hermanos, el 21 de septiembre de 2010, dos hijos más de María Herrera desaparecieron.
Luis Armando y Gustavo Trujillo Herrera salieron de Pajacuarán, Michoacán, con rumbo a Vega de Alatorre, Veracruz, donde concretarían un negocio. Lo último que se supo sobre su paradero fue que hubo un incidente en la carretera.
La madre buscadora ha dicho en repetidas ocasiones que no cree en la justicia del hombre, pero sí en la divina.
RM
