Las bandas criminales se mueven rápido sobre las vías de los ferrocarriles. Cada tres horas, una célula delictiva asalta un tren y lo despoja de la mercancía. Son asaltos rápidos, especializados y con alta rentabilidad, que suelen tener la firma de los cárteles o grupos ligados a ellos.
MILENIO revisó una base de datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública y encontró que en los últimos cinco años, del 1 de enero de 2020 al 31 de octubre de 2025, se han denunciado 17 mil 176 robos a trenes, es decir, ocho diarios o uno cada 180 minutos, en promedio.
Pocos delitos en México tienen esa frecuencia durante tantos años.
“Muchas compañías, principalmente por seguridad, han buscado el tren como alternativa. Y por esas rutas se transporta todo tipo de mercancías: desde electrodomésticos hasta hidrocarburos. Son bienes altamente rentables para las organizaciones criminales y, por ello, no van al vacío, sino que pueden infiltrarse entre los trabajadores ferroviarios, quienes suelen avisar qué trae cada uno de los vagones. Así el crimen organizado da golpes focalizados que le ofrecen una mayor rentabilidad”, explica Víctor Manuel Sánchez Valdés, investigador especialista en seguridad pública.
El estado más afectado es Coahuila, al registrar el 14.8 por ciento de todos los robos a trenes en el país; le sigue Sonora con 12.5 por ciento, Guanajuato con 12 y Jalisco con 11.44 por ciento.
Estas cuatro entidades acumulan más de la mitad de los robos de todo el país. El mapa indica las prioridades criminales, que discurre por la ruta del centro y del Pacífico hacia el norte de México.
Y si bien esos cuatro estados son los primeros en el índice, resalta que no son precisamente los que más concentran el mayor paso de trenes en México.
Según el sitio especializado Kappa Intermodal, casi la mitad de las 57 terminales intermodales del sistema de carga ferroviario mexicano están en San Luis Potosí, Estado de México, Nuevo León y Jalisco.
Cuando se mira el fenómeno con mayor detalle surgen dos estados como focos rojos: el municipio mexicano más peligroso para quien opera un tren de carga es El Fuerte, Sinaloa, con 558 robos en cinco años; luego está Culiacán, con 494 hurtos. Y casi enseguida está Hermosillo, con 467 atracos, y Cajeme con 461, ambos en Sonora.
Estos cuatro municipios se encuentran en la zona que comprende la “guerra en Sinaloa”, es decir, la disputa armada entre la facción de Los Chapitos y La Mayiza, un conflicto por el control del Cártel de Sinaloa que se intensificó desde 2024, cuando una traición llevó al capo Ismael ‘El Mayo’ Zambada a ser detenido en Estados Unidos.
El conflicto, sin embargo, comenzó calladamente en 2019 con la sentencia de cadena perpetua contra Joaquín El Chapo Guzmán.
Asalto en plena marcha
“Cada vez aparecen modos de operación más sofisticados, desde segmentaciones de vía para obligar a que los trenes paren –y permitir un mayor robo– hasta comandos con vehículos de alta velocidad para dar alcance a los choferes.
"Obviamente existen ya redes de corrupción, como la que hemos visto en los puertos marítimos, pero en este caso se trata de trabajadores ferroviarios que se mezclan con operadores de empresas privadas y gobierno, por ejemplo, Petróleos Mexicanos. Y vemos un uso táctico de vehículos, armas y conocimiento propio del crimen organizado”, analiza Sánchez Váldes.
Uno de esos robos de alta complejidad ocurrió el 24 de octubre de 2022 en Mazatlán, Sinaloa, tres meses después de la recaptura de Rafael Caro Quintero, justo cuando su grupo criminal, el Cártel de Caborca, requería productos de fácil reventa y en efectivo: al menos 10 personas asaltaron un tren de carga con contenedores repletos de cajetillas de cigarros.
El modus operandi requirió una gran precisión: consistió en abordar el tren en movimiento, abrir el contenedor y lanzar las cajas de cigarros hacia los costados de las vías, donde otros cómplices las recogían para retirarlas rápidamente del lugar. Una coreografía que requería ensayos y acciones quirúrgicas.
Esta especialidad del Cártel de Sinaloa ha llegado incluso a denuncias de agentes de Estados Unidos, quienes el año pasado hicieron público que el Departamento de Investigaciones de Seguridad Nacional apuntaba a que el grupo fundado por El Chapo Guzmán llevó a cabo robos a trenes entre 2024 y 2025 incluso en California, Arizona y Nuevo México.
El CJNG vacía la carga en minutos
Entre los siguientes diez municipios más riesgosos en la lista, todos tienen presencia de, al menos, dos cárteles, de acuerdo con los mapas de la Defensa Nacional: la capital de Aguascalientes y Cosío, del mismo estado; Encarnación de Díaz, Jalisco; Silao, Guanajuato; Torreón, Coahuila; Guadalajara, Jalisco; Irapuato, Guanajuato; Tultitlán, Estado de México; Ramos Arizpe, Coahuila, y Empalme en Sonora.
“El Cártel Jalisco Nueva Generación tiene muy claro el modus operandi: ubica una carta que le interesa, se infiltra en las empresas y las roba con una rapidez impresionante. Puede vaciar un tren en unos cuantos minutos con otros camiones de carga y tiene incluso vehículos señuelo para despistar a la Guardia Nacional”, explica un coronel en Jalisco, quien pidió el anonimato.
A ese cártel le interesa principalmente “electrodomésticos para regalar en las comunidades más alejadas donde los jefes de plaza necesitan del silencio de los vecinos. Entonces, ya tenemos incluso alertas para cuando se acerca el Día de las Madres, el Día del Niño, Navidad o Año Nuevo”, agrega el militar consultado.
Ahí hay otra explicación al auge de este delito: la mercancía robada –desde granos y alimentos hasta electrodomésticos o autopartes– sirve como moneda que compra lealtades en diferentes comunidades del país. Y si no, puede alimentar mercados negros y redes de contrabando, lo que se convierte en una fuente estable de ingresos para organizaciones criminales.
Lo extremo: el corte de rieles
En otras ocasiones, los robos se frustran, pero demuestran que el crimen organizado está dispuesto a matar por un tren de carga: el 30 de diciembre de 2025 en Cortazar, Guanajuato, una célula del Cártel Santa Rosa de Lima puso la mirada en un tren que transitaba por uno de los corredores logísticos del Bajío: había que provocar el descarrilamiento y para saquear la mercancía, aunque eso pudiera matar al conductor.
El modus operandi consistió en cortar 40 centímetros de uno de los rieles con herramientas de oxicorte, una operación que requiere técnicos especializados. Sin embargo, el maquinista detectó a tiempo la anomalía en la vía y redujo la velocidad, lo que permitió que el convoy atravesara el tramo dañado sin salirse de las vías. Una tragedia evitada por apenas unos centímetros.
Si se contraponen los mapas de robo a trenes por municipio y la presencia de grupos criminales por regiones estatales, aparece una coincidencia: los ferrocarriles son más golpeados en territorios donde opera el Cártel de Sinaloa, el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel Santa Rosa de Lima. Y, en menor medida, el Cártel del Golfo y La Nueva Familia Michoacana.
“Para el crimen organizado lo más riesgoso en este delito es algún accidente en la logística. Eso es todo. No es que dentro de los trenes vaya personal con armas largas que puedan responder una agresión. Y como hay bienes de consumo y de alto valor en los trenes, que pueden ser comercializados de forma fácil, es un ingreso relativamente sencillo de obtener. Y yo creo que eso explica el porqué cada vez estamos viendo más robos de trenes”, afirma Sánchez Váldes, docente en la Universidad Autónoma de Coahuila
El robo al tren, alertan las fuentes, es un delito que le resta competitividad a México frente al mundo: el ferrocarril es uno de los medios más eficientes para mover pesadas mercancías por largas distancias. Si se vuelve inseguro, las empresas buscan opciones, como transporte aéreo o transporte por carretera, que suele ser más caro o menos eficiente.
Un crimen que va más allá de la mercancía robada o de un descalabro financiero para el propietario; ante la frecuencia de los robos, las empresas deben contratar seguros cada vez más caros y hacer gastos adicionales en seguridad, como cámaras de seguridad o escoltas, cuyos costos se trasladan a los precios finales.
Y como siempre, el que paga, al final, es el consumidor.
Fact checking: JRH
HCM
