Cultura

Patadas a la pobreza

El deporte más barato del mundo es asimismo uno de los más elitistas. AFP
El deporte más barato del mundo es asimismo uno de los más elitistas.AFP

Los boletos más caros para un partido del Mundial de Futbol de 1970 se cotizaban en 80 pesos. Cantidad suficiente para comprar, entonces, un disco de larga duración y dos entradas al cine. O bien un balón profesional de futbol. Al día de hoy, el precio en la taquilla del mejor boleto para el juego final daría para comprar algo así como 400 balones. Asimismo, en 1970 el precio de un Volkswagen sedán nuevo habría alcanzado para 340 de aquellos boletos de 80 pesitos, o bien 900 de los más baratos.

En cuanto a la reventa en 2026, operada en diversos portales de internet, hay boletos para el partido inaugural del Mundial que llegan a cotizarse muy por encima del millón de pesos. Es decir que con dos de esas entradas puedes comprarte un nuevo Porsche Carrera.

Es difícil hallar un deporte cuya práctica resulte más sencilla y barata que el futbol soccer. Hacen falta no más que un par de porterías y una pelota. Es decir que en la práctica basta con disponer de cuatro piedras grandes y un objeto redondo que pueda ser pateado (si bien, entre los niños, puede ser suficiente con un bote de lámina, o inclusive un olote, para poder golearse los unos a los otros). No es raro, por lo tanto, que cada cuatro años el tema del Mundial termine interesando hasta a quienes jamás patearon un balón, pero ocurre que hoy, aun para los niños, tal afición es cosa prohibitiva.

Al nuevo álbum del Mundial, editado por la marca Panini, le caben 980 estampitas, cada una de las cuales se cotiza en algo más de tres pesos mexicanos. Es decir que los niños que aspiren a llenarlo deberán gastar entre 7 y 12 mil pesos durante los tres próximos meses, por más que hagan intercambios y sean unos cracks de los tapados. O sea que el deporte más barato del mundo es asimismo uno de los más elitistas. ¿Y cómo no, si dos tristes entradas para el partido final cuestan lo mismo que un caballo de polo?

Los más grandes villanos del futbol no son ahora los árbitros sino los directivos de la FIFA, cuya voracidad les ha llevado a inventar toda suerte de zonas exclusivas dentro de cada estadio, cuyos solos nombres invitan a la extrema fanfarronería. Del área VIP al Pitchside Lounge, el Trophy Lounge, el Champions Club y el FIFA Pavilion, sitios específicamente diseñados para jolgorio de los millonarios, la competencia no se mide en la cancha sino en los privilegios que cada cual ostenta. ¿Tendríamos que asombrarnos si buena parte de esos lugares resultan ocupados por políticos corruptos y jerarcas del crimen organizado, unos y otros ávidos de darse mutuamente el relumbrón?

Donde fueres haz lo que vieres, reza el viejo proverbio, y ese solía ser un bonito atractivo del futbol. Se consumía cerveza en grandes cantidades, además de papitas y chicharrones, al lado de la plebe enardecida. Hoy se venden paquetes ostentosos que incluyen, según esto, viandas de alta cocina para solaz de un público fantoche que va menos a ver que a ser mirado, pues lo que les motiva no es el partido en curso sino el lugar desde el que van a verlo: ocasión estupenda para hacerse unas selfies presuntuosas y subirlas a las redes sociales, donde la competencia entre los happy few no tardará en hacerse viral.

Cabría preguntarse qué tiene ya que ver el modesto y sencillo balompié con esta deleznable feria de vanidades. Perdón, pero no creo que el más electrizante de los espectáculos valga siquiera la décima parte de lo que aquí se pide por un pinche boleto. Lo que una vez fue afición y pasión se ha ido deslizando hacia la estupidez y la demencia, como en aquellas fiestas porfiristas donde los hacendados se encendían los puros con billetes grandes. Cualquiera que conserve una idea elemental del valor del dinero y el trabajo tendría que indignarse hasta las náuseas. 


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Xavier Velasco
  • Xavier Velasco
  • Narrador, cronista, ensayista y guionista. Realizó estudios de Literatura y de Ciencias Políticas, en la Universidad Iberoamericana. Premio Alfaguara de Novela 2003 por Diablo guardián. / Escribe todos los sábados su columna Pronóstico del Clímax.
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