Prácticamente ningún medio de comunicación nacional guardó silencio ante el caso de Agustín Estrada Negrete, quien fue despedido de su cargo como director del Centro de Atención Múltiple (CAM) 33 y 34 ubicado en Chiconautla, Ecatepec, Estado de México, después que se le reconoció, travestido, en un festival contra la homofobia que sucedió en mayo de 2007.
De acuerdo con un boletín del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) con fecha de 7 de mayo de 2009: “Elementos de la Agencia de Seguridad Estatal disolvieron una manifestación efectuada ante el Palacio de Gobierno de esta capital por maestros y padres de familia del Centro de Atención Múltiple (CAM) 33 de Ecatepec, y detuvieron al profesor Agustín Estrada Negrete, quien exige su reinstalación como docente de esa escuela especializada en niños con discapacidad, luego de que hace más de un año lo separaron del cargo, por participar en un festival gay”.
Según notas periodísticas como la del periódico La Jornada con fecha 6 de septiembre de 2012, Agustín Estrada Negrete fue atacado por hombres y declaró sentirse “perseguido” por las autoridades del Estado de México a causa de su homosexualidad; optó, en consecuencia, por solicitar asilo político en los Estados Unidos de Norteamérica. El asilo le fue concedido después de un año de vivir en San Diego. http://www.jornada.unam.mx/2012/09/06/politica/016n3pol
En aquel entonces, Enrique Peña Nieto era el gobernador del Estado de México.
Esto es sólo una cronología periodística. Desde esta columna no puedo asegurar que los hechos antes mencionados fueron ciertos. Lo que sí, es que muchos de esos activistas que acusaron enardecidos al Gobierno del Estado de México de persecutor de homosexuales, en el periodo de Enrique Peña Nieto como gobernador, son los mismos que el día de ayer lo aplaudieron por su iniciativa de modificar el artículo 4º constitucional y el Código Civil a fin de garantizar el matrimonio igualitario, sin discriminación por orientación sexual, en todo el país. Reforma que también considera la posibilidad de expedición de nuevas actas de nacimiento que beneficiarían las identidades de la población trans. Un paso altamente progresista, sin duda.
¿La necesidad de protección y reconocimiento del Estado es suficiente para detonar síntomas de Alzheimer activista?
El mismo Presidente cuyo Gabinete insistió en respaldar hasta el paredón la “verdad histórica” de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, mientras la primera dama protagonizaba el escándalo de la Casa Blanca, al parecer se ganó la simpatía de varios activistas y representantes de colectivos LGBTTTI que entusiastas, subían a sus redes sociales fotos y selfies que atestiguaban su presencia en Los Pinos, donde Peña Nieto llevó a cabo su discurso en el marco del 17 de mayo, Día Internacional de la Lucha contra la Homofobia. En sus muros compartían las imágenes de la fachada de la Residencia Oficial iluminada por los colores del arcoíris, la bandera del orgullo gay.
No es mi intención restarle importancia legislativa a iniciativas que al final del día son sensatas. Sigo y seguiré pensando que el matrimonio es una institución conservadora y opresiva y que su extensión a la población homosexual desde una perspectiva buga no es un movimiento liberal. Eso sí, mientras AMLO insiste en su frijol con gorgojo, Peña Nieto propuso reformas de diversidad sexual propias de una izquierda de la que supuestamente Morena es abanderado.
El conflicto tiene que ver con esa maña mía de no tragarme la primera cucharada con los ojos vendados (cuestionar la autoridad es una debilidad de los amargados, supongo); con los devaneos entre el activismo gay y los políticos y esa tendencia de fabricar villanos o héroes alrededor del gueto rosa como si el resto de la sociedad no existiera. Me pregunto si todos los activistas gays que celebraron los tuits de la Presidencia de la República aprovecharán la cercanía con el presidente Enrique Peña Nieto para cuestionarlo sobre la crisis de derechos humanos documentada por el Departamento de Estado del gobierno estadunidense que afecta a gays y heteros por igual.
¿El activismo gay busca la dignificación constitucional o cariñitos en la cabeza como los que hacen a las mascotas?
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