Sociedad

Pregúntale a Rachel

Los heteros podrán inyectarse progresismo, mentalidad abierta, tolerancia e inclusión a modo intravenoso, pero jamás entenderán el salto bungee que implica salir del clóset (aún con padres liberales) o los esfuerzos por no enamorarte en una orgía, la urgencia del deseo sin cortejos o el drama como catarsis y hacernos notar en un mundo donde los convencionalismos heteros mandan y sostienen valores como la estabilidad y la madurez. Quizás los hombres bisexuales podrían tener más “autoridad” en opinar sobre visceralidades y derechos homosexuales, sentencia que suelto con reservas y desde el trauma, me reconozco como esos pendejos limitados de masculinidad tóxica que ven en la bisexualidad un clóset medio lleno. El imbécil de mí que se enculó y enamoró, pero nomás no puedo olvidar el hecho de que si alguien me ha hecho ver mi suerte, fue un bisexual con gusto por las chicas argentinas.

Por eso, el complicado documental The Rachel Divide de Laura Browson colgado en Netflix el pasado fin de semana me cayó como balde de agua bendita.

The Rachel Divide narra la claustrofóbica cotidianeidad de Rachel Dolezal después que su vida fuera reducida a un infierno de añicos cuando se destapara su fraude.

Por poco más de diez años, Dolezal fue directora de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color (NAACP, por sus siglas en inglés) de Spokane, Washington. Denunciaba a la policía de brutalidad específica con los negros, lo que le valió ser presidenta de la Comisión Supervisora de la Policía local de Spokane. Hasta que Jeff Humprey, reportero de una estación local de tv, le cuestionó en una rutinaria entrevista banquetera si era afroamericana de padres blancos. A Rachel la quijada se le pone como gelatina, responde tropezándose con balbuceos que no entiende la pregunta y echa a correr. Casi toda la comunidad afroamericana de Spokane, de Washington y probablemente todo Estados Unidos la acusaron de traidora. Doreen St. Felix, escritora afroamericana de The New Yorker la tachó como un perturbador caso de deslealtad racial. La presión mediática la obligó a confesar finalmente que sus padres biológicos eran descendientes directos de un extenso linaje checo y polaco, pero que su corazón era cien por ciento negro, y eso, nadie podía negarlo. Para defenderse de los ataques de la comunidad afroamericana estadunidense que la acusaron de estafadora, soltó argumentos como que la raza es una construcción social inventada por los europeos, o que la normalización del racismo impide ver el interracionalismo, transracionalismo o cisracionalismo (sic… y cualquier semejanza con el género fluido o teorías queer es mera coincidencia), términos que Doreen St. Felix califica de “sin sentido” en su artículo de The New Yorker. A la comunidad afroamericana poco le importaron sus respuestas de academia sofisticada, ni que por ahí el documental deja ver que probablemente, desenmascarar a Dolezal fuera parte de una estrategia por parte de los abogados del hermano blanco de Rachel, acusado de violación por parte de una hermana adoptiva de Rachel, de origen afro. Para una gran parte de afroamericanos gringos, según el documental, desde Whoopi Woldberg hasta youtubers pasando por las conductoras del talk show The Real, Tamar Braxton entre ellas, Rachel es una charlatana de ojos azules que usó el privilegio blanco, maquillaje de colores marrones y extensiones de cabello en forma de dreadlocks para hacerse pasar por negra y ganar dinero enarbolando causas activistas.

No he podido quitarme el documental de The Rachel Divide de la cabeza porque desde que descubrí a 2Pac, me he forzado en amalgamar en mi cabeza un paralelismo entre la lucha negra y la gay y que me ha funcionado para combatir la homofobia cuando ésta me ha sacado la lengua. Sobre lo fascista que puede llegar a ser la integridad, pero que al mismo tiempo, bien podría ser un mal necesario, sobre todo en el mantenimiento de la compleja y dramática identidad gay, siempre acorralada entre la aceptación, el prejuicio y el problemático deseo. No he podido dejar de pensar en esos gays que abrazan los convencionalismos heteros, huyendo de sí mismos, como Rachel huyendo de su genética blanca. Y también por lo resbaloso y evasivo de la construcción social, confrontado, como hace el documental de Laura Browson, en el mundo real, más allá de los espacios seguros, las universidades y los clubes queer.

Twitter: @distorsiongay

stereowences@hotmail.com

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Wenceslao Bruciaga
  • Wenceslao Bruciaga
  • Periodista. Autor de los libros 'Funerales de hombres raros', 'Un amigo para la orgía del fin del mundo' y recientemente 'Pornografía para piromaníacos'. Desde 2006 publica la columna 'El Nuevo Orden' en Milenio.
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