Política

Juan Bustillos Orozco, para su familia…

  • La melipona poblana
  • Juan Bustillos Orozco, para su familia…
  • Víctor Bacre Parra

Al pbro. Luis Lizardi Panduro

El periodista recién fallecido, nació en el Grullo, Jalisco, el 29 de agosto de 1947. Su madre, Clementina Orozco Gabiño -también oriunda del Grullo- llegó con Juan, su hijo, al rancho “Las Margaritas”, municipio de Hueytamalco -un poco abajo de Teziutlán, en el estado de Puebla-, a alcanzar a su pariente José Orozco que ahí trabajaba. En él también laboraba Severo Bustillo Pulido, con quien Clementina y Juan formaron una nueva familia, trasladándose a vivir a Teziutlán, donde nacieron Catalina y Carolina Bustillos Orozco. Juan estudió la secundaria en la Esfaa, donde fue un destacado alumno. Durante sus estudios se inició como periodista dirigiendo el periódico La Escoba, del grupo del padre Luis Lizardi , para luego incorporarse como director al semanario regional Oriente, de gran tradición y presencia en la zona. En el ahora, como un homenaje familiar a su memoria, hemos entrevistado a sus dos hermanas, a una sobrina y a un sobrino, hijos de ellas.

Nos comparte Catalina Bustillos Orozco, la hermana mayor de Bustillos:”¿Juan? ¿Qué puedo decirte hoy que ya no estás físicamente con nosotros? Que sin duda tu ausencia nos dolerá, pero también que nos quedan vivos los recuerdos de ti y todo lo que pasamos juntos, desde mi niñez hasta hoy. Fuimos demasiado unidos, siempre me jalabas a donde ibas, desde muy chica, a pesar de tener un padre (don Severo). Tú siempre para mi fuiste eso: más que un hermano, un padre a quien yo podía contarle todas mis cosas”.

“Tengo nostalgia de cuando te acompañaba a tus partidos de futbol con ‘El Torototopos’ que tú, creaste, de donde salíamos hasta muy tarde y siempre caminando por la carretera a Nautla. Y cómo olvidar cuando era tu asistente estrella llevando las cuentas del periódico Oriente que dirigías. Ahí comenzó tu pasión por el periodismo. Recuerdo cuando partimos, tú a la Ciudad de México y yo a la ciudad de Puebla. Fue muy doloroso separarnos, pero era necesario hacerlo para que tanto tú como yo pudiéramos salir adelante. ¡Y vaya que lo hiciste muy bien! Llegaste a ser un gran periodista. Fuiste uno de los más grandes. Para mí siempre serás el mejor”.

“No sabes cuánto admiré tu capacidad para redactar una nota. Eras único. Siempre tuviste las palabras precisas para narrar los acontecimientos del momento. Nunca tuviste reparos en decir la verdad, porque siempre tuviste la información de primera mano y eso te hacía jamás dudar ni tener equivocaciones en la noticia”.

“Tus ganas de salir adelante te hicieron prepararte de la mejor manera. Aprendiendo desde abajo tu oficio como periodista y eso fue lo que siempre admiré de ti: que llegaras tan alto con bases sólidas. Tus cimientos los construiste a base de esfuerzo, trabajo y entrega. Para mis hijos Óscar y su esposa Fer, Juan Manuel y Daniel -tus sobrinos queridos- siempre fuiste y serás un gran ejemplo de perseverancia que, cuando se quiere algo, se lucha por conseguirlo. Créeme, Juan, que siempre vivirás en nosotros, mi amor hacia ti vivirá por siempre, hasta el final. Sin duda, se seguirá sintiendo tu ausencia pero como dijiste cuando se fue doña Clemen: ‘Hija, no nos queda más que jalar pa’ delante”.

Por su parte, Carolina Bustillos Orozco y Krishna María del Rosario García Bustillos expresan su pensamiento acerca del hermano y tío, respectivamente: “‘Quiero que mis amigos, sin que se ofendan me dejen solo’.... Eso escribía Juan Bustillos aquel 8 de noviembre cuando doña Clemen se fue a abrirle paso allá, donde las penas no existen y los amores se juntan eternamente. Aquel día las lágrimas cayeron y la música ‘del rancho’ nos cobijó como lo ha hecho siempre, porque en las alegrías hay que cantar, pero en las penas hay que cantar más fuerte”.

“Ahora, como aquel día, me aferro a la música, esa que parece que fue escrita para narrar nuestra historia, tu historia, querido Juan”.

“‘El muchacho alegre’ suena en el cielo y todos se regocijan porque ya llegó don Juan, ¡Qué alegría de Doña Clemen, quien ya lo puede abrazar y a de colmarlo de besos: esos que le hubo de guardar! Segura estoy de que ya le canta a su madre ‘Aquellos ojos verdes’, muy cerquita, al oído, con esa sonrisa confidente que sólo pudo ser para ella. ‘¿Te gusta cantar?’, dirá doña Clemen, ‘¡Entonces, aprende!’, y las carcajadas comenzarán”.

“Y así, feliz junto a su madre es como elegiré recordar siempre a mi tío Juan, con sus pantalones de mezclilla, sus botas y su camisa azul, silbando en la entrada de la casa para anunciar su llegada. Crecí amando y admirando a mi maravilloso tío Juan, el gran hombre que siempre fue, hijo, padre, hermano, maestro y amigo; escuchando historias que en la familia se contaban y las grandes noblezas y bondades que para con muchos tuvo siempre”.

“La vida de Juan Bustillos es digna de ser contada. Historias hay muchas, tantas como para escribir un par de libros, si pudiera reunir a todos aquellos por los que él hizo el bien. Serían como hojas infinitas de un árbol grande y frondoso, un árbol que nos cobijó siempre y que aún ahora, después de su partida, continúa dando frutos, porque cuando alguien es tan bueno como él su legado perdurará eternamente”.

“Tío Juan, en este momento, busco las palabras correctas para escribir todo lo que significas para mí, una estrella que aclara la noche, un abrazo cálido en el frío invierno, un beso, una sonrisa, un ‘Te quiero chiquilla’, pero las palabras no alcanzan para decir lo evidente, te amo, te amo y te amaré siempre.

Más que un tío fuiste un padre, para mi madre y para mí, un padre amoroso que sin necesidad se hizo cargo de dos hijas más, gracias por tanto amor”.

“Mi madre, tu Caros, te ama con una amor tan grande y puro, tan especial, de esos que no se pueden descifrar. Es una admiración ferviente y latente a su amado Juan, el amor que solo una hija puede tenerle a su padre. Pero eso tú siempre lo supiste, lo sabes. Te ama tanto, que sé que un parte de su corazón se ha ido contigo, fuiste y eres lo más importante en su vida, en nuestras vidas”.

“Benditos estamos por el cielo que este padre nos quiso dar y para que lo sepas siempre, te llevamos en la sangre, en la piel y en el corazón”.

Nos dice Óscar Aguilar Bustillos: “Mi tío Juan fue uno de esos amigos realmente sinceros que siempre te escuchaba. Alguien en quien podías confiar y te extendía su mano, cuando sabía que podías tener algún problema o algo no iba bien. Hacía todo por apoyarte y eso lo constaté varias veces. Fue todo un caballero, un hombre de lealtades y de fuertes convicciones, un hombre de palabra y de mucho honor. Fue una persona culta e inteligente. En las largas charlas que teníamos cuando nos reuníamos a comer dos o tres veces al mes cuando vivía en la Ciudad de México”.

“En el ‘Panchos Bar’, un salón en ‘Impacto’, en honor a Francisco Galindo Ochoa, pasábamos momentos muy agradables. Ahí cantábamos música ranchera hasta altas horas de la madrugada. Siempre acompañados de mariachi y un buen tequila. Durante esos convites llamaba a mi madre -a quien adoraba-, para cantarle canciones de Jorge Negrete. Nunca se olvidaba de su familia. Fue mi padrino de bautizo y de primera comunión. Y cuando me casé con mi esposa María Fernanda, juntos decidimos que fuera nuestro padrino de bodas, además, por la gran amistad que forjé con él. Tío, padrino y extraordinario amigo. Te vamos a extrañar. Tus recuerdos y enseñanzas, estarán con nosotros. ¡Hasta siempre!”

Google news logo
Síguenos en
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.