En México, hay aproximadamente 100 facultades de medicina calificadas para preparar alumnos interesados en cursar un programa certificado de licenciatura en medicina. Los programas de formación en estas escuelas tienen una duración de 5 a 7 años, los graduados pasan al menos un año como pasantes de pregrado y otro año en servicio social, generalmente trabajando como médicos generales en áreas rurales. Al final de este período de formación, los graduados de medicina toman el ENARM (Examen Nacional de Residencias Médicas) para acceder a la formación de posgrado.
Los programas de formación de especialistas siempre tienen una gran demanda en México ya que, al graduarse, los especialistas constituyen un cuerpo de élite de profesionales que controlan las posiciones del mercado laboral a través de su doble participación en instituciones privadas y públicas. En 1971, el IMSS comenzó a capacitar a médicos familiares para cubrir los espacios disponibles en sus nuevas unidades de medicina familiar en todo el país. Se suponía que los médicos familiares filtrarían la demanda que se remitía a niveles especializados. Después de completar su formación, los residentes graduados tenían garantizado un puesto dentro de la institución. Sin embargo, 30 años después, el modelo se saturó y la demanda de formación en medicina familiar se redujo enormemente al igual que los requisitos para cursar esta especialidad, ya que en 2020 fue suficiente obtener un puntaje de tan solo 21.3 de 100 para volverse especialista en medicina familiar.
Como lo comenté la semana pasada, solo alrededor del 15% de los graduados en medicina aprueban este examen y son admitidos en una residencia de posgrado en medicina, dejando así una alta proporción de médicos formados como médicos generales sin especialidad. El sector privado ha aumentado su demanda de médicos generales; en particular, grandes actores farmacéuticos los emplean para ofrecer consultas gratuitas como estrategia de marketing. Sin embargo, estimaciones basadas en la Encuesta Nacional de Empleo mostraron que entre 2000 y 2008 alrededor de 14% de todos los médicos disponibles estaban desempleados.
En México, la oferta y la demanda de médicos especialistas están claramente desconectadas y se deben tomar decisiones para reducir los desequilibrios del mercado laboral. Además, el volumen de estudiantes capacitados cada año no depende de la capacidad de las instituciones de salud para emplearlos después de graduarse. Por último, la regulación del mercado laboral también es débil. No existe una política nacional sobre la contratación de trabajadores de la salud, salarios o incentivos. En cambio, cada institución pública o privada define sus propias políticas.
Actualmente, las transiciones epidemiológicas y demográficas que caracterizan a la población mexicana deben ser consideradas por las autoridades de salud para responder a las dinámicas de atención de salud de la población. La tasa de envejecimiento de la población ha aumentado claramente; las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y los cánceres representan las tasas de mortalidad más altas. Una de las instituciones de seguridad social, ISSSTE, atiende a un gran segmento de la población anciana. Las instituciones deberán realizar cambios importantes en la composición de su personal de salud, incluidos los médicos generales, en los próximos años.
Víctor Andrade Carmona *
victor.andradeca@anahuac.mx
* EL AUTOR ES MÉDICO INVESTIGADOR DEL MOVIMIENTO CIENCIA PREVIENE VIOLENCIA, UNA INICIATIVA DEL INSTITUTO DE SALUD PÚBLICA ANÁHUAC, UNIVERSIDAD ANÁHUAC MÉXICO