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Taller sie7e

Museos, orquídeas y el asombro

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El mundo está de cabeza y pareciera ser absurdo hablar aquí de museos, arqueología, bibliotecas, murales, canto de aves, arte y orquídeas, pero nunca será el desarme de los sueños lo que acalle la belleza.

Byun-Chul Han, en su ensayo La Sociedad del Cansancio habla sobre “el asombro sobre el ser-así de las cosas” como carácter fundamental de lo que bello y perfecto es invariable e imperecedero en la vida y que se sustrae de todo acceso humano. Es decir: la belleza también está, en el ser humano y frente al ser humano, pero no le pertenece, ni le necesita. La belleza es cosa de la vida.

No es la fatiga de esfuerzo lo que cansa el alma de un artista, es el oxígeno enrarecido de violencia del hombre contra sí mismo, que consume el azul de su fuego, ensucia la luz de su llama, carboniza la cera de su credo. Desde la Nada, contemplante del Tiempo, ese monstruo que consume las almas, el artista tejerá flores con ceniza y lágrimas, cantará los versos del poema, y bajará las nubes a los muros para destruir la cárcel de los días tan sólo laborales.

Desde la Nada, el hombre se salvará a sí mismo: abriendo el oído, para iniciar un diálogo, abriendo los ojos para mirar desde el espíritu… contemplando. Qué interesante palabra CONTEMPLANDO, es un compartir un mismo templo.Templo es un espacio de contemplación; cuando contemplamos algo, significa que entramos ambos, el contemplante y lo contemplado, a un mismo espacio, en el que habita en común, es decir, es un encuentro que abre un diálogo del cual se es eco.

En mi libro Dhípaak Dios del Maíz, coincido con Byun- Chul Han, en la necesidad de la contemplación. Afirmo que el Ocio es el espacio que damos a la vida para contemplarla. La emoción es la disponibilidad de asombro del espíritu, ante la belleza de la vida. Invitando a bajar la velocidad, a caminar sobre las propias huellas, hacia la propia alma, y de ahí hacia el alma de las cosas. A relacionarse con el mundo en un diálogo espiritual.

Extiendo aquí una invitación a asistir al Museo de la Huasteca en el teatro del Metro en Tampico, acudir a esa cápsula de tiempo, a apreciar el Arte Autóctono de la región. A abrir la contemplación con sus piezas arqueológicas, en una experiencia apacible sin mediar el pensamiento, abriendo un diálogo con el Universo. _

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