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Domingo , 21.04.2019 / 12:05 Hoy

Taller sie7e

Los antiguos carnavales

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Estamos en época de Carnaval, o sea, despedida de las diversiones mundanas e inicio de la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza, inicio de la Cuaresma o tiempo de penitencia, según nuestra religión católica. Se celebraba en los tres últimos días anteriores a esa fecha, aun cuando en algunas pequeñas poblaciones mexicanas lo festejan en cualquier época del año. La gente se disfrazaba y se efectuaban bailes callejeros, muy disfrutados por el pueblo.

Los carnavales en América se iniciaron en Nueva Orléans, Luisiana, antigua posesión francesa, y llegaron a Tampico y Veracruz en el siglo XIX por el gran movimiento comercial y de pasajeros desde ese puerto a las poblaciones citadas, después de la independencia de México.

Antiguamente se denominaba “Mascarada”, ya que la gente se disfrazaba y ponía una máscara para divertirse con libertad en las fiestas o por las calles. En la Nueva España se organizaban grandes fiestas que incluían las Mascaradas y las corridas de toros, para celebrar la llegada de un nuevo virrey o la coronación de un nuevo monarca en España. Todos participaban, inclusive los grandes dignatarios, como el virrey y el arzobispo.

En Tampico, especialmente cuando el auge petrolero, se organizaron lucidos carnavales, que después se han tratado de repetir, a veces con gran éxito. El reciente festejo fue organizado con mucho entusiasmo por la Presidencia Municipal, así como por las Secretarías de Cultura y de Turismo, y pudimos disfrutarlo en su desarrollo.

Leyendo los escritos de los viajeros que visitaron Tampico en sus inicios, que las describen como Mascaradas. Charles Latrobe, un viajero que nos visitó en 1836, nos relata lo siguiente:

“…Las familias de la sociedad vivían muy confinadas, y los jóvenes forasteros, al salir de sus comercios, pasaban la tarde paseando a caballo por los alrededores, jugando a los bolos o al ‘Monte’, o intentando bailar un vals con la ayuda de un pianoforte, un flautín, y un par de matronas. Algunas tardes se efectuaban unas mascaradas algo cursis, mezclándose todas las clases sociales. Los pobres se entretenían bailando ‘fandangos’ dos veces por semana bajo una enramada en las orillas de la ciudad.”

Bienvenido el Carnaval, que permite al pueblo divertirse y manifestar su ingenio en sus disfraces, gozando de libertad y de alegría, con la participación de sus autoridades.

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