Esta mañana me descubro leyendo un texto del final hacia el principio; no soy un yo convirtiéndome en insecto, estoy frente un texto espiral que entra al revés en mi organismo. Los renglones, del último al primero, son hileras de palabras sobre las cuales camina mi entendimiento, son piedras colocadas en el cauce de un arroyo para cruzar de orilla a orilla. La corriente, con saltos de silencios, escurre por los espacios en blanco; la página es una cascada tendida en el suelo, para ser escalada con sosiego; es de un fluir rápido y amable; juguetona sopla y gira y empuja con minúsculos remolinos los guijarros colorines de su fondo arenoso. La transparencia del interlineado es un geométrico peralte, el renglón es la huella, el texto es de escalones sobre los que pisa mi mirada; asciendo, alzo una pierna para alcanzar la próxima altura, impulso mi cuerpo, la pierna que sostiene mi ascenso acepta el esfuerzo, la carga de sí mismo, ese otro con el que se avanza, aquel que dialoga con las emociones de su estómago, con las cicatrices de su piel, con la melancolía de su corazón. No es un camino de acantilados y abismos, es una vereda de montaña, armónica, oxigenada, luminosa; se presiente que conduce a una terraza, a una cima, desde donde se contemplará un horizonte con arboledas, humo de volcanes, y un lejano mar. En su última línea, es decir, mi primer renglón, se lee: “Casi con amor /ahora lo recuerdo”.
Leer es transitar entre palabras para experimentar Magia. Aunque su naturaleza parezca ser sorpresiva, la Magia se espera, se desea. La mirada tiene que estar puesta en el espacio vacío donde todo puede aparecer; la mirada debe estar atenta al objeto, a la idea, a la emoción presente, que puede desaparecer o transformarse en un ser inimaginable. La Magia es así: aunque dos personas miraran al mismo espacio, al mismo sombrero impredecible, experimentarían un asombro distinto ante lo mágico. Dicho para adultos: sin deseo da igual morder o no la fruta prohibida. En el deseo existe el paraíso que apostar.
Con la mirada en esta misma página, lo que tú ahora lees no es lo mismo que lo que otro lee. Cada quien se asoma a la realidad desde las ventanas de su yo único, y a la ficción también. ¡Qué cosa fantástica que nos saludemos todas las mañanas como si existiéramos en el mismo mundo! _