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Miércoles , 24.04.2019 / 21:53 Hoy

Corredor Fronterizo

Pasantes de medicina y enfermería, ¿qué haría el sector salud sin ellos?

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Lucía es pasante de enfermería formada en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Al igual que sus compañeros de generación está cumpliendo el requisito del servicio social para titularse. Ha sido asignada por los Servicios de Salud del Estado (SESA) a una unidad de salud de primer nivel de atención ubicada en la periferia de la ciudad. En lugar de recorrer dos horas diarias para llegar a la unidad, optó por rentar una vivienda en la comunidad rural con ayuda financiera de sus padres. Oficialmente debe dedicar ocho horas diarias a su servicio social, pero su jornada suele extenderse ante habituales cargas de trabajo. Oficialmente la unidad de salud debe contar con un médico titulado a cargo del funcionamiento de la misma, pero en realidad un médico pasante es quien asume dicha responsabilidad. Oficialmente los pasantes deben recibir retroalimentación de manera constante por parte de sus supervisores a través de telemedicina o radiolocalizadores, no obstante, los que se encuentran en áreas de difícil acceso, sin señal de internet o radio, reciben asesoría hasta que su supervisor puede presentarse en la unidad.

De acuerdo con informantes de los SESA en Nuevo León, alrededor de 800 pasantes de medicina y 2 mil pasantes de enfermería realizan su servicio social cada año. El 90% es ubicado en unidades de primer nivel de atención y el resto en programas especiales de salud pública. El servicio social está reglamentado en documentos como la Ley General de Profesiones, el Reglamento de Servicio Social de las universidades y, en este caso, en la Ley General de Salud. Sus principales objetivos son reforzar la preparación académica y práctica de los pasantes y, retribuir a la sociedad la inversión en educación.

Los pasantes cumplen estos objetivos y otras funciones que normativamente no les competen. Este personal en formación termina dando un extra al resolver eventualidades médicas en ocasiones arriesgadas, tanto para ellos como para los usuarios de los servicios, cuando no existe la debida asesoría. Asimismo, al no tener una cédula profesional afrontan limitaciones administrativas, porque no están facultados para emitir dictámenes, ni certificados médicos. De ahí la importancia de tener cerca en todo momento un médico de base titulado. Según Nigenda (2013), el 43.1% (211) de las unidades de atención ambulatoria de los SESA en Nuevo León están operadas exclusivamente por médicos pasantes en servicio social.

El apoyo económico que los pasantes reciben de los SESA disminuyó a partir de 2014 tras un recorte presupuestal. El monto mensual depende del área geográfica donde se ubique la unidad de salud. Actualmente, los médicos pasantes con plaza A (urbana) reciben 800 pesos; con plaza B (suburbana) 1,500 y, con plaza C (rural) 3,000 de tiempo exclusivo. Para los pasantes de enfermería, la mayor cantidad otorgada es de 600 pesos mensuales (plaza C). Estos montos tienen repercusiones no sólo para el adecuado desempeño del pasante, sino también para las tasas de titulación de las universidades. Al enfrentar aprietos económicos familiares, algunos de ellos abandonan el servicio social para insertarse en el mercado laboral, dejando de lado el trámite de titulación.

A 79 años de su creación, el servicio social en medicina continúa siendo para el sector salud un recurso muy valioso. El pasante no sólo implica un bajo costo, sino también la única vía a través de la cual la población en zonas marginadas tiene acceso a atención médica, pero ¿debería seguir siendo así? El problema es complejo: desde la falta de nuevas plazas para profesionales de la salud titulados, hasta la devaluada expectativa entre los egresados de ejercer la medicina ambulatoria por considerarla un nicho laboral económicamente poco prominente.

Yetzi Rosales Martínez
Investigador y catedrático Conacyt, El Colegio de la Frontera Norte en Monterrey

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