En la noche del 24 de mayo de 2026, el mundo fue testigo de un acto de barbarie que trasciende las fronteras de la geopolítica y agrede directamente al corazón de la civilización humana. Las fuerzas de ocupación de la Federación de Rusia dirigieron un ataque masivo con misiles y drones con un objetivo deliberado: el centro histórico, científico y cultural de Kiev, la capital milenaria de Ucrania.
Este bombardeo no constituye un error de cálculo militar ni un daño colateral. Representa una política estatal sistemática y planificada por parte de Rusia para aniquilar la identidad nacional ucraniana, borrar nuestra memoria histórica y saquear el patrimonio que nos define ante el mundo. La Comisión Nacional de Ucrania para la Unesco ha calificado estas acciones bajo su verdadero nombre: un intento sistemático de genocidio cultural.
El balance de los daños perpetrados contra instituciones que resguardan siglos de conocimiento, arte y memoria universal es desgarrador. Entre los recintos severamente dañados o destruidos en Kyiv se encuentran:
- El Museo Nacional de Arte de Ucrania y la emblemática institución cultural Casa Ucraniana.
- El Instituto de Literatura Taras Shevchenko de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania, junto con sus invaluables depósitos de libros y manuscritos únicos.
- La Biblioteca Nacional de Ucrania Yaroslav el Sabio y La Academia Nacional de Música de Ucrania.
- La Filarmónica Nacional de Ucrania, la Ópera de Kiev y la Pequeña Ópera.
De manera particularmente indignante, el ataque destruyó por completo el Museo Nacional de Chernóbil, erradicando artefactos históricos irreemplazables vinculados a la mayor catástrofe tecnológica del siglo XX. Este acto de vandalismo ocurre apenas un mes después de que el recinto fuera modernizado en el marco del 40 aniversario de la tragedia, y a escasas semanas de que el Consejo Ejecutivo de la Unesco aprobara una resolución especial para su protección.
A lo largo de esta guerra de agresión no provocada, Rusia ha dañado o destruido por completo mil 783 sitios del patrimonio cultural y más de 2 mil 500 instituciones culturales en Ucrania. Al bombardear museos, bibliotecas y conservatorios, el agresor busca silenciar las voces del pasado para negar nuestro derecho al futuro.
México es una nación que comprende profundamente el valor sagrado de la herencia cultural. La historia mexicana, labrada en la preservación de sus raíces prehispánicas, coloniales y modernas, es el testimonio vivo de que la identidad de un pueblo reside en su memoria material y espiritual. Cuando se ataca la Biblioteca Yaroslav El Sabio o los sitios del patrimonio cultural en Kiev, se está atacando también la herencia cultural de toda la humanidad. El silencio ante el vandalismo de hoy es la validación de la destrucción del mañana.
Ucrania hace un llamado urgente al liderazgo de la Unesco, a los Estados miembros y, muy especialmente, a la solidaridad del pueblo y el gobierno de México. Es indispensable que la comunidad internacional reaccione con firmeza: Rusia debe ser responsabilizada por estos crímenes de guerra bajo el derecho internacional, y sus violaciones sistemáticas a las convenciones de protección de bienes culturales deben tener consecuencias jurídicas e institucionales inmediatas.
El Benemérito Benito Juárez afirmó que el respeto al derecho ajeno es la paz. Destruir la memoria de una nación soberana es la violación más absoluta de ese derecho. Frente a los misiles que buscan imponer la oscuridad y el olvido, Ucrania y sus aliados internacionales seguiremos defendiendo la luz de la cultura, la verdad histórica y la dignidad humana.
Kiev y su legado prevalecerán, porque la memoria de los pueblos libres es indestructible.