Los comicios del pasado 5 de junio no han hecho sino confirmar lo que hasta hace poco era un secreto a voces, a saber, que tanto el discurso como la estrategia de la oposición no solo han fracasado estrepitosamente, sino que, en la práctica, han resultado totalmente contraproducentes.
Apenas iniciado el gobierno de López Obrador, la oposición, ni lerda ni perezosa, comenzó a fraguar la que sería su narrativa sexenal: Venezuela, comunismo, dictadura, populismo, etc. Sin embargo, poco tardaron los partidos otrora hegemónicos en comprender que el de la Cuarta Transformación era un movimiento no tanto populista como auténticamente popular, que había de tomarse en serio, so pena de volver a sucumbir en 2024. Es por ello que, quitados de la pena, decidieron embarcarse en una alianza contra natura, olvidando cualquier atisbo de principios y valores ideológicos, bajo la lógica del pragmatismo más puro.
Si bien es cierto que dicha estrategia pudo tener sentido desde un razonamiento meramente aritmético, no menos cierto es que pasó por alto el evidente repudio que esta decisión habría de generar entre los simpatizantes más férreos, quienes -no sin razón- percibieron en ella una traición a sus ideales, lo mismo que una franca declaración de debilidad, ya que, al decir del propio Claudio X. González, los números no les daban.
¿Valió la pena el sacrificio? A más tres años del triunfo de López Obrador, los resultados hablan por sí mismos. Tanto en las elecciones del 2021 como en las recientes, Morena ha venido ganando de manera regular y contundente dos terceras partes de sus contiendas frente a la alianza Va por México (11 de 15 gubernaturas en las primeras y 4 de 6 en las segundas, para ser exactos), mientras que la aprobación del presidente se mantiene estable por encima del 50%. La configuración del nuevo mapa geopolítico no podía ser más reveladora: el PRI ha pasado de gobernar la mayor parte del territorio nacional hace apenas 6 años, a quedarse con tan solo un par de estados que hoy, más que bastiones, parecen futuros mausoleos. Por su parte, Acción Nacional, si bien nunca fue particularmente fuerte en el sur ni llegó a gobernar más de una docena de estados, se está convirtiendo -pese a su nombre- en un partido más bien regional, centrado en el bajío, desvelándose como el partido de nicho que es, incapaz de atraer a más de un perfil de elector. ¡Ni qué decir del PRD!, un verdadero muerto viviente, mantenido por el respirador artificial de la alianza opositora.
Frente a esta serie de derrotas humillantes y un escenario por demás adverso, la creatividad de los opositores no se ha hecho esperar. El año pasado salieron con la ocurrencia del hashtag #elPANCrece, bajo la idea de que, visto desde cierto ángulo, la oposición había de alguna manera ganado perdiendo. Ahora están promoviendo el audaz y convenientemente ambiguo eslogan: “Hay tiro”; una suerte de declaración de guerra para el 2024 que pretende motivar a sus huestes, haciéndoles creer que pueden competirle a Morena de igual a igual, solo porque no perdieron los 6 estados en disputa (!). Es entendible que ningún líder político baje los brazos sin importar lo aplastante de una derrota, pero sobra decir que la realidad dista mucho de semejante ilusión.
Lo cierto es que al día de hoy, a poco más de dos años de las presidenciales, la oposición se encuentra completamente estancada, con un cúmulo de resultados mediocres, considerando la importancia histórica de una coalición sin precedentes. Efectivamente hay tiro… pero ya les salió por la culata.
Saúl Sánchez
Doctor en Sociología y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Actualmente se desempeña como profesor de la Universidad Iberoamericana.