Política

Lindsay Clancy: el show del dolor y los niños sin voz

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Al parecer, las sociedades tienen vicios acendrados que se niegan a dejar. Uno de ellos es reducir tragedias complejas a simples bandos de villanos o santos. Ejemplo de ello es Lindsay Clancy, una enfermera de Duxbury, Massachusetts, que en enero de 2023 estranguló a sus tres hijos —Cora de 5 años, Dawson de 3 y Callan de 8 meses— en su domicilio para después intentar suicidarse, un hecho que la dejó paralizada.

Durante el proceso judicial que se lleva actualmente, la defensa ha sostenido que ella no es penalmente responsable debido a un cuadro severo de psicosis posparto y una sobremedicación psiquiátrica, mientras que la fiscalía argumenta que actuó con premeditación y plena consciencia, desatando un intenso debate sobre las fallas del sistema de salud mental.

Pero más allá del debate judicial sobre las sentencias, resulta desolador que una tragedia de esa magnitud sea reducida a un debate de redes. Así, la polarización mediática insiste en encasillar a Lindsay Clancy entre la figura de un monstruo desalmado que hizo un frío cálculo —e incluso etiquetándola como la "Hiena de Massachusetts"—, mientras otros insisten en mostrarla como una víctima absoluta de su propia mente, exenta de responsabilidad por las tres vidas que truncó. Sin embargo, esta falsa dicotomía solo consigue simplificar a niveles burdos lo irreparable: reconocer la gravedad penal de sus actos y exigir justicia no es incompatible con analizar el colapso psiquiátrico, pero conlleva recordar que las etiquetas y burlas convierten el drama humano en un espectáculo que evade el fondo del problema.

Entre peritajes, alegatos de la fiscalía y debates sobre psicosis posparto, los verdaderos y únicos olvidados de esta tragedia son Cora, Dawson y Callan. Tres niños que no eligieron habitar un entorno de riesgo extremo y cuyas voces quedaron silenciadas bajo el ruido de un proceso judicial que discute todo, menos la absoluta indefensión en la que los dejaron quienes tenían la obligación primordial de protegerlos.

En medio de este afán de observar la tragedia como un video de TikTok más, olvidamos que las crisis de esta magnitud rara vez estallan de la noche a la mañana sin dar alertas. Cuando ya existían antecedentes claros de depresión tras embarazos previos, el deterioro no era invisible; asumir que la situación se autogestionaba o mirar hacia otro lado forma parte de una cadena de pasividad donde la pareja —y la propia Lindsay— debieron asumir una responsabilidad frontal por su salud y el peligro latente.

Pero no solo ellos. El vacío de una red de apoyo funcional se extiende mucho más allá de las paredes del hogar, incluyendo a una familia que prefirió minimizar antes que actuar. Semanas antes, ella les llegó a confesar que tenía pensamientos intrusivos de hacerle daño a los niños; sin embargo, tanto su madre como su esposo asumieron en ese momento que no representaba un riesgo inminente, lo que evidencia cómo el entorno familiar estaba rebasado e intentaba contener una crisis que ya era demasiado grande para ellos, a costa de la seguridad de las infancias.

A esto se sumó el fracaso rotundo de un sistema de salud mental que recetaba y cambiaba fármacos a ciegas sin evaluar el riesgo colateral que corría el resto de la familia. Así, ni las instituciones médicas ni el tejido comunitario activaron los frenos de emergencia necesarios para contener un peligro que se gestaba ante la pasividad de todos.

Pero peor aún es convertir el dolor humano y la pérdida de vidas inocentes en una disputa de opiniones en redes. Esto solo refleja el síntoma de una sociedad apática y desconectada. Nos hemos acostumbrado a consumir la tragedia como si fuera un reality show donde lo único que importa es tener la razón en el debate virtual o ganar las noches de nominación, frente a un caso que debería indignarnos por su profunda desolación y exigirnos mirar de frente las fallas estructurales que permitieron que ocurriera.


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Sarai Aguilar Arriozola
  • Sarai Aguilar Arriozola
  • Doctora en Educación, máster en artes, especialidad en difusión cultural
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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