Tal parece que en el ejercicio de los derechos los que más han sufrido agresión y crecimiento en redes sociales y en los medios, son el de la libertad religiosa y el de la libertad de conciencia. En el anonimato que ofrecen las redes todo se vale. Insultos, calumnias, sentimientos hostiles, odio se ve por todos lados. La falta de regulación permite la insubordinación y la falta de una cultura por el respeto azuza la hoguera digital.
El mundo fuera de ellas que normalmente está regulado observa sigilosamente la persecución mediática. Se persigue a una fe en particular por escándalos mediáticos; se persigue a las personas que profesan esa fe incitando al odio contra ellos y violentando sus derechos humanos. Dicho de otro modo, el discurso y su incitación al odio parece cobrar más fuerza –al menos en nuestro país- contra aquellos que profesan una fe distinta. Y el odio aumenta en la medida en que –por alguna razón- su fe se hace presente en medios de comunicación. Dicho de otra manera, parece haber una relación causal que –se infiere- determina que a mayor exposición mediática de la fe, mayor violencia contra esa misma.
La complicidad es escandalosa y el silencio sepulcral cuando se ignora con vehemencia tanto odio. Atónitos y absortos, los ciudadanos perseguidos no les queda otra que guardar silencio. Es peligroso estar en redes sociales frente a turba encendida contra el otro. Las antorchas digitales que encienden las palabras y el discurso de odio, también matan. Matan la dignidad de la persona, matan su esencia como ser humano. Esa dignidad es exactamente la misma que la del que lleva la antorcha, pero los medios y el silencio social se han encargado de hacer creer que el perseguido no tiene dignidad y, por lo tanto, no debe de existir.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos publicó un estudio en 2019 sobre el tema de linchamientos. El estudio se refiere al mundo offline pero vale la pena pensar en cómo ese ilícito se ha convertido en uno digital y que, por lo tanto, debe advertirse como un problema global que también destruye vidas para que la coexistencia pacífica y el derecho a coexistir de todos los seres humanos, también sea garantizado en el mundo online.
Sara Pozos
sarapozos.com