Es un signo de los tiempos, qué duda cabe: a mucha gente parece no preocuparle en lo absoluto el cuidado de las formas y se otorga entonces la muy dudosa facultad de soltar sin pudor alguno las más impropias y extravagantes barrabasadas, por no hablar de que la mentira se ha vuelto también una práctica de epidémicas dimensiones.
La llegada al poder de Donald Trump fue muy seguramente el pistoletazo de salida, la señal para que cualquier pelagatos se sintiera empoderado en la explotación de la zafiedad y la desmesura. Ahora mismo, luego de que el hombre ofendiera a los más cercanos e históricos aliados de los Estados Unidos —a Mark Carney, el primer ministro de Canadá, lo llamó “gobernador”, a los socios de la OTAN que combatieron hombro con hombro en las incursiones militares de la gran potencia los acusó de no ser solidarios, a los canadienses los agravió con la delirante propuesta de que no fueran ya soberanos sino el estado 51 de la Unión Americana, en fin, toda una sarta de despreciativas sandeces espetadas a Tirios y Troyanos sin el menor respeto— masculla, el mentado “hombre naranja”, que seguirá bombardeando sitios de Irán “por puro gusto”, que la Armada estadunidense es tan supremamente poderosa que no necesita la ayuda de nadie más (esto, luego de pedirles a los europeos que le echaran la mano para reabrir los estrechos de Ormuz) y, ya en el plano doméstico, se burla de la “dislexia” de Gavin Newsom, el gobernador demócrata de California.
Aquí, en un país donde los acartonados usos del priismo marcaron durante décadas enteras la pauta, ¿en qué momento el mismísimo presidente de la República se permitió vocear lo de “fuchi caca”? Y, ¿cómo es que un sujeto de la calaña del tal Lord Molécula fue, a lo largo de un sexenio entero, un personaje acreditado en las conferencias matutinas de la casa presidencial?
A decenas de informadores profesionales les fueron cerradas las puertas, miren ustedes. Pero entonces ¿resulta que un payaso vulgar y zalamero sí puede estar ahí, en una condición de interlocutor certificado? Lo acabamos de ver, al tipo, en toda su descarada ordinariez. Justamente, así se estilan las cosas, hoy, en este planeta. De escándalo. Y a nadie parece importarle…