En dos días será 12 de octubre, otro tiempo llamado Día de la Raza, vocablo que tiene como sinónimo: linaje, familia, estirpe, alcurnia y ralea, día en que se conmemora el hecho que un marinero desde lo alto de un mástil de la carabela en que viajaba Colón, gritó “tierra a la vista” siendo esta tierra la isla Guanahaní (San Salvador) en del caribe, acto que luego reclamó el genovés como suyo para disputar al marinero del cual se me escapa el nombre, el mérito y una recompensa monetaria.
Pero ¿realmente Colón descubrió América? Recuerdo que hace años leí el magnífico libro de Edmundo O’Gorman La Idea del descubrimiento de América, del cual divulgaré aquí algunos razonamientos con la esperanza de que algún día se extasíen con su contenido. Una de sus primeras ideas para iniciar su análisis es el irrefutable hecho de que la hoy América, era un ente geográfico localizado entre Europa y Asia, desconocido para los habitantes de ambos espacios geográficos. Recupero la noción historiográfica de que “Colón descubrió América por casualidad”, la cual guarda una contradicción porque implica aceptar que un descubrimiento tiene como razón antecedente la intencionalidad, la cual no existía en el pensamiento de Colón y al aclarar que fue casualidad se niega sin duda el hecho del descubrimiento. Colón se halló ante tierras que pensaba era Asia, toda la información plasmada respecto de sus viajes, demuestra que siempre creyó que estaba en Asia, no tuvo ningún atisbo que se tratara de un nuevo continente, así entonces ni en el obrar ni en su conceptualización Colón tuvo la conciencia de que había descubierto algo.
No fue hasta que Américo Vespucio, tras viajes y estudios cartográficos, plasma la conclusión de su indagación en su carta Mundus Novus, dirigida Lorenzo de Pier Francesco de Médicis publicada en 1503 de que las regiones exploradas no pertenecían al Asia, sino que constituían un nuevo continente.