Samuel García tiene 33 años y vive en una realidad muy ajena a la de la mayoría de los mexicanos. Muestra gestos de machito, considera que San Pedro, Monterrey y Nuevo León –en ese orden– son el ombligo del mundo, aborda su privilegio socioeconómico sin introspección o decoro alguno, antes de hacer política solo había trabajado en el despacho de su padre, privilegia la imagen sobre la sustancia y es tan frívolo y bonito como su esposa.
La esposa en cuestión, Mariana Rodríguez, de 25 años, dedica su cuenta de Instagram, con más del doble de los 700 mil y pico de seguidores que tiene García, a monetizar una vida personal que gira alrededor de la moda, el maquillaje, las joyas, los viajes, la belleza y la carrera de su marido.
Si alguien se pregunta cómo es que esos se embolsaron la gubernatura, les recuerdo tres cosas: que con El Bronco la vara estaba muy baja; que los contrincantes estaban peor y que las anteriores características, mal vistas por buena parte del resto del país, son tomadas en el Monterrey de hoy como grandes cualidades. Samuel García y Mariana Rodríguez, pues, son la pareja aspiracional prototípica del recio norte post-Legionarios de Cristo.
La vara estaba muy baja y los contricantes estaban peor
Tampoco podemos descontar el empujón que López Obrador le brindó a García y al priista Adrián de la Garza cuando, sin haber aprendido nada de su propio intento de desafuero, les echó burdamente encima al poder público con persecuciones tan seguramente fundadas como políticamente motivadas, buscando favorecer a su candidata, Clara Luz Flores, quien debe agradecerle al presidente y a Keith Raniere el haber comenzado de puntera para terminar en un ignominioso cuarto lugar.
Por su propensión a vivir cada minuto bajo los lentes no podemos decir que García y Rodríguez nos son desconocidos. Y aunque Samuel ha sido diputado y senador, jamás antes había tenido puestos ejecutivos. El éxito o fracaso de su gestión, y el futuro de una carrera política que, nos guste o no, no podemos dejar de mirar y que no parece tener mucha competencia en un escenario nacional donde la oposición aparece como patética o sosa, dependerá de que se rodee de gente capaz y de que sepa tanto escucharla como ganarse su respeto.
Al tiempo. _
Roberta Garza
@robertayque