Política

Bikram Choudhury en México

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México parece ser no solo cuna, sino refugio de estafadores, corruptos, depredadores, abusadores y engañabobos: somos tierra fértil para que sus organizaciones prosperen, y para asilarlos y protegerlos cuando huyen de sus respectivas policías.

Apenas hace año y medio que Keith Raniere, el creador del universo Nxivm, fue sacado de una villa en Puerto Vallarta donde se refugiaba del FBI, rodeado de solícitas esclavas prestas a hacerle una cadena de felaciones a modo de desagravio y consolación (no es broma: mañana, en la Feria del Libro de Guadalajara, estaré presentando mi libro sobre el tema. Fin del publirreportaje).

Raniere fue deportado y rindió cuentas ante la justicia gringa, residiendo ahora en una cárcel donde, supongo, el sexo oral no ha de resultarle tan placentero. Pero no todos los cuentos tienen final feliz: me entero gracias a Netflix de que Bikram Choudhury, el nativo de Calcuta que fundó los estudios de yoga caliente que llevan su nombre, ha logrado permanecer impune. Luego de huir de Estados Unidos, Choudhury sentó sus reales en la hermosa Acapulco, desde donde predica y enseña en el hotel Princess a admiradores que pagan casi 4 mil dólares por sesión, o más de 10 mil dólares por retiro, como si desde 2013 no pesaran sobre él una orden de arresto y seis demandas por discriminación, difamación, violación y abuso sexual que lo dejaron con más de 15 millones de dólares en deudas que evadió al transferirle todas sus posesiones a su esposa luego de tramitar un divorcio a modo.

En el apogeo de su fama, Choudhury, vestido apenas con una tanga, un gran reloj de oro y litros de agua de colonia, se paseaba entre filas de adeptos que consideraban un privilegio ser invitados a cepillarle su cabello o a hacerle un masaje. Luego de seleccionar a alguna mujer de su agrado procedía a favorecerla con mayor atención, diciéndole lo especial que era, o narrándole cómo se habían conocido antes, en otras vidas; la mezcla de esoterismo charro y la etiqueta de gurú exótico de quien gustaba de compararse con Buda y Cristo, afirmando haber sido un prodigio que curó a Richard Nixon de su flebitis y estaba a punto de abrir un centro bajo su nombre en la universidad de Harvard, entre otras falsedades, lo hacían irresistible para muchas. Al poco tiempo invitaba a sus elegidas a sus salones privados y, una vez allí, se les lanzaba: si ellas se resistían, las insultaba y violaba. La lista de sus éxitos no para allí: mantenía un control férreo y narcisista sobre las vidas de su círculo cercano, y solía burlarse de los cuerpos de sus alumnos, salpicando sus monólogos desde las alturas de su podio de yogui con apodos hirientes o comentarios misóginos, racistas y homofóbicos.

Mientras la Interpol no emita ficha roja, o mientras Choudhury no cometa crímenes en nuestro país, nuestra justicia nada puede hacer contra él. Pero no deja de ser inquietante cómo es que tanto criminal y depredador encuentra en México, una y otra vez, su pequeño paraíso de impunidad.

@robertayque

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Roberta Garza
  • Roberta Garza
  • Es psicóloga, fue maestra de Literatura en el Instituto Tecnológico de Monterrey y editora en jefe del grupo Milenio (Milenio Monterrey y Milenio Semanal). Fundó la revista Replicante y ha colaborado con diversos artículos periodísticos en la revista Nexos y Milenio Diario con su columna Artículo mortis
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