¿Cuáles son las probabilidades de que Estados Unidos abandone el T-MEC? La pregunta es pertinente porque, como bien lo sabe el gobierno mexicano, las señales que llegan desde Washington no son nada alentadoras.
Tan incierto luce el panorama que hace un par de días el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, aplicó anestesia en las encías de la opinión pública antes de clavar el filo de la mala noticia: "El peor escenario —dijo— es que el T-MEC sobreviva sólo diez años más". Lo que omitió el funcionario, en letra pequeña, es que ese peor escenario incluye una revisión anual del tratado a cargo del gobierno de Estados Unidos.
No se necesita mayor análisis para concluir que las negociaciones con el gabinete de Donald Trump apuntan en dirección contraria a los intereses de México. Hoy pagamos el impuesto de nuestra ingenuidad. Muy probablemente éste fue siempre el propósito de la segunda administración trumpista: conjurar la vigencia del T-MEC, prevista hasta 2042.
Al arranque de su administración, Trump contaba con tres cartas sobre la mesa: ratificar la vigencia del T-MEC por dieciséis años más; abandonar unilateralmente el tratado; o someterlo a revisión anual. Aunque los vecinos tienen hasta el 1 de julio para notificar sus intenciones, si fueran a ratificarlo, ya lo sabríamos.
La segunda carta —el abandono— es improbable, porque Trump no está facultado para tomar por sí solo una decisión que corresponde al Congreso estadunidense: fue el Poder Legislativo quien aprobó el ingreso al tratado y sólo esa instancia podría votar la salida.
Queda, entonces, la tercera carta: permanecer dentro del T-MEC, pero sujeto a revisiones periódicas de su contenido.
No existe arma más eficaz para mantener a México contra las cuerdas. Cada vez que haya desacuerdo, Washington tendrá el garrote listo para forzar un cambio de posición.
Zoom: Un tratado comercial sometido a revisiones anuales —con toda la incertidumbre que eso implica— causará un daño grave y sostenido sobre la viabilidad económica del país: pondrá en riesgo la inversión, el crecimiento, el empleo y las finanzas públicas.