Política

Cuando la comida congelada llegó al supermercado

En 1930 los productos de Birds Eye Frozen Foods aparecieron por primera vez en el mercado: en 18 tiendas de comida, en el estado de Massachussets, los clientes podían ahora comprar carne, fruta, verduras y pescado, que habían sido congelados utilizando un entonces innovador proceso creado por un taxidermista que estudió por años cómo era que las tribus de Alaska preservaban su pesca. 

Detrás de esta empresa estaba Goldman Sachs, que un par de años antes le pagó al inventor del proceso más de 20 millones de dólares para quedarse con esas patentes. A los pocos meses debutaron también los congeladores especialmente diseñados para ofrecer estos productos en las tiendas, y unos años más tarde aparecieron los carros de ferrocarril refrigerados.

Poco se menciona hoy del impacto que tuvo en la economía de Estados Unidos la llegada de esta nueva tecnología, pero justo en uno de los pódcast que escuché en estos días de vacaciones hicieron una reflexión que me pareció más actual que nunca. 

En la década de los 20, cerca de 40% de la fuerza laboral en ese país trabajaba en el campo. De acuerdo con algunos estudios, los individuos podían terminar gastando hasta una cuarta parte de sus ingresos tan solo en alimentos: la comida se echaba a perder muy rápidamente y eso generaba todo tipo de desperdicios. 

Llega entonces este nuevo invento. Desaparece la mayor parte del desperdicio y la comida comienza a bajar de precio. El impacto rápidamente se sintió en la agricultura, que al volverse mucho más productiva terminaría desocupando a más y más personas. 

Actualmente, apenas 2% de la fuerza laboral de Estados Unidos trabaja en el campo. 

La economía de ese país, explicaban en el pódcast, técnicamente no debió haber sobrevivido a la llegada de una tecnología tan revolucionaria y que terminaría destruyendo tantos puestos de trabajo. 

Mucha gente habrá sufrido en esos años. Sin embargo, hoy sabemos que el mercado se ajustó y que todo el tiempo que se liberó gracias a esa tecnología fue utilizado en otro tipo de actividades. Con el paso de los años, la economía se hizo mucho más fuerte. 

La llegada de nuevas tecnologías suele seguir un mismo patrón: en el corto plazo hay una destrucción de puestos de trabajo, pero luego sus utilidades —y claro, los ahorros de tiempo que se generan— terminan reinvirtiéndose y el mercado evoluciona… y crece. 

Esta reflexión es especialmente relevante con el crecimiento en la adopción de la inteligencia artificial. Sobran las posturas alarmistas y fatalistas y no es raro escuchar a quienes advierten que todos los trabajos van a desaparecer. 

De entrada, hoy sabemos que esto no es algo que sucede de un momento a otro. Ya pasaron más de tres años desde que se estrenó ChatGPT y por más que han surgido innumerables organizaciones y plataformas basadas en IA, fuera de muy contadas excepciones su impacto real en los resultados de las empresas ha sido más bien limitado.

En un mediano (o largo) plazo, la adopción de esta tecnología sí se reflejará en los resultados. ¿Desaparecerán entonces muchísimos puestos de trabajo? Probablemente. Pero al igual que lo que sucedió con la llegada de la comida congelada —o de los cajeros automáticos en las sucursales de banco, por poner otro ejemplo— la energía y creatividad que deja de ser necesaria en ciertos trabajos, se convertirá en creación de valor en otros.


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René Lankenau
  • René Lankenau
  • Fundador de Whitepaper
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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