En nada avanza la Selección Mexicana de futbol que se prepara para participar a fines de noviembre próximo en el Mundial de Qatar. Al frente, cuando ataca, no se ve un equipo coordinado e intencionado, nada que pueda hacer daño a los rivales. Y en posiciones defensivas falta liderazgo y capacidad para contrarrestar a los rivales que, al margen de su contundencia, siempre tienen oportunidades claras de gol.
Menudo cuadro con el que hay que trabajar.
Procede esta pregunta: ¿de quién depende que siga al frente o no de la Selección Nacional el entrenador Gerardo Tata Martino? ¿Es facultad exclusiva del presidente de la Federación Mexicana de Futbol, Yon de Luisa? Esto porque fue precisamente este directivo quien salió a ratificarlo hace algunos meses, cuando el representativo nacional tanta inquietud y malestar generó por su pobre desempeño en las eliminatorias.
¿Existe algún consejo directivo encargado de evaluar el desempeño del director técnico y el de los jugadores convocados? ¿Cómo funciona? ¿Quién pide cuentas? ¿Quién exige buenos resultados?
Lo que hemos visto en los últimos tres partidos de preparación de la Selección, por desgracia, es algo que se veía venir. Aceptando que en un equipo de futbol se impone, para determinar su nivel competitivo, el desempeño o momento individual, siempre el aporte de un entrenador es fundamental.
No veo qué es lo que está aportando Martino. ¿Jugadas a balón parado que dañen al rival? No. ¿Un equipo entregado y guerrero que supla con carácter sus deficiencias técnicas y tácticas? No. ¿Un equipo dinámico y entusiasta que sea capaz de evidenciar con ello las carencias de los rivales? No. ¿Un cuerpo técnico estudioso de las deficiencias de los rivales y a partir de ello el diseño de una estrategia efectiva para ganar? No. ¿El dominio de un sistema de juego en el que cada jugador tenga su rol claro? Tampoco.
Rafael Ocampo