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Martes , 23.04.2019 / 21:32 Hoy

Visión Social

Navidad y sociedad

Pedro Miguel Funes Díaz

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Las fiestas ligadas a la navidad son relevantes no solamente desde el punto de vista religioso, sino social, a causa del gran movimiento que generan. Es claro para todos que el tiempo de navidad influye notablemente incluso en la economía. Los comerciantes se preocupan de adecuarse al ambiente navideño porque saben que las ventas de la temporada son importantes, porque las personas compran para poder celebrar estas fiestas lo mejor que pueden.

La navidad evoca en todos los buenos sentimientos, el ideal de la paz y la armonía, la fraternidad y la solidaridad, la importancia de la familia y de los amigos. Todos quieren ser y sentirse un poco más buenos durante estos días. Está claro entonces que el impacto social de una fiesta en sí religiosa llega a diversos aspectos de la vida. Los países donde el cristianismo ha dejado su huella viven este tiempo de modo particular e incluso quienes no son cristianos quedan atrapados, por así decir, en el ambiente navideño.

Podrán objetar algunos más exigentes que en realidad el sentido navideño original se pierde en medio de un clima de consumismo y superficialidad. Esto se da sin duda en medidas diversas según los grupos y personas. Pero lo que quisiera dejar como punto de referencia es que tenemos un fenómeno social cuyas raíces se hallan en una festividad religiosa. Con sus limitaciones e incluso desviaciones, no cabe duda que es una oportunidad para que el sentido del bien se haga presente en los corazones de las personas.

Quienes creemos celebramos el nacimiento de Jesús, a quien confesamos como Hijo de Dios. Esta es una afirmación que marca una diferencia esencial con respecto a las religiones monoteístas no cristianas. También los judíos y los musulmanes afirman que hay un solo Dios, pero nada más los cristianos afirmamos que ese Dios ha engendrado un Hijo desde la eternidad y que ese Hijo sin dejar de ser Dios, se ha hecho hombre en el seno de una virgen en un tiempo y lugar determinados para salvarnos del mal y donarnos el Espíritu Santo.

Así pues, para los creyentes este tiempo es un tiempo de celebración del misterio de la irrupción de lo divino en la historia humana, lo cual nos impulsa a vivir la solidaridad con nuestros semejantes. Pero también los no creyentes pueden sacar provecho de estos días, porque es una oportunidad de renovar los mejores afectos del corazón humano. Es un tiempo que nos aviva el deseo de dar gloria a Dios en el cielo y colaborar para la paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

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