Resulta patente la importancia de la educación en el desarrollo de la persona si se considera individualmente, pero a la vez, destaca su relevancia e influjo a nivel social. La educación, si bien se lleva cabo sobre todo en la niñez y en la juventud, puede considerarse como una labor de por vida, ya que es posible que se extienda también de alguna forma a los adultos, pues "siempre se puede aprender algo".
Un ideal que se ha ido difundiendo, aunque falta mucho por hacer, es el de la participación en la vida social, incluso económica y política. Hoy existen muchos medios y oportunidades para acercarse a los grandes patrimonios culturales y de ser aprovechados por un mayor número de personas, sin que esto signifique las oportunidades educativas ya sean equitativas.
En la declaración "Gravissimum educationis", del Concilio Vaticano II, la Iglesia sostiene el derecho de todos a la educación diciendo: "Todos los hombres, de cualquier raza, condición y edad, en cuanto participantes de la dignidad de la persona, tienen el derecho inalienable de una educación,
que responda al propio fin, al propio carácter; al diferente sexo, y que sea conforme a la cultura y a las tradiciones patrias, y, al mismo tiempo, esté abierta a las relaciones fraternas con otros pueblos a fin de fomentar en la tierra la verdadera unidad
y la paz. Mas la verdadera educación se propone la formación de la persona humana en orden a su fin último y al bien de las varias sociedades, de las que el hombre es miembro y de cuyas responsabilidades deberá tomar parte una vez llegado a la madurez".
El derecho a la educación no significa que todos hayan de ser universitarios y alcanzar grados de maestría y doctorado, sino que todos puedan recibir la formación necesaria para desarrollarse dignamente. Los aspectos enunciados que son cubiertos por este derecho permiten captar un ideal educativo que toma en cuenta lo que comparten todas las personas, que es la igual dignidad de todos. Como puede verse, al mismo tiempo este ideal se abre a las diferencias, algunas de ellas elementales.
El ideal educativo propuesto en el documento tiene una mira más alta, que desdobla la formación en dos puntos: en orden al fin último, por una parte, y para el bien de las sociedades en que se encuentra el hombre, por otro. La educación por lo mismo ha de buscar el desarrollo de las cualidades físicas, morales e intelectuales del sujeto, y al mismo tiempo el sentido de responsabilidad por el bien común.