Política

Simple papel mojado

Preparando una charla que impartí en el congreso que la Fundación Gloria Kriete organiza anualmente en San Salvador, leí la Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial, que la Unesco publicó en 2021. Entre sus objetivos destacan: ofrecer un marco universal para el diseño de políticas públicas; orientar en el desarrollo y gestión ética de la IA; proteger la dignidad humana, las libertades fundamentales y salvaguardar los derechos de las generaciones presentes y venideras; dialogar de manera interdisciplinar; y visibilizar los riesgos de dejar al margen de sus beneficios a los países más desfavorecidos.

Después de describir los principios y valores que deben vertebrar moralmente tales propósitos se da paso a la caracterización de los ámbitos de acción donde se prevé el empleo del documento: evaluación de impacto, gobernanza y administración; desarrollo y cooperación internacional; medio ambiente y ecosistemas; género, cultura, educación e investigación; comunicación e información; economía y trabajo; salud y bienestar social.

Me parece que la mezcla entre grandilocuencia, concreción e inspiración alcanzan el cien de nota, pero, como siempre sucede con las declaraciones de la ONU tituladas Recomendación, se queda gravitando en el éter de la idealidad. Garantizar el acceso equitativo y no discriminatorio a la IA, preservar la intimidad, proteger la información personal, asegurar la transparencia y explicabilidad de los datos con los cuales se “entrena” a los algoritmos, más que una recomendación que apela al carácter vinculante de las buenas intenciones debería ser una obligación legal para todos los actores que en este momento tienen el sartén por el mango.

Seguramente, el gremio de mis queridos eticistas dirá que el actuar ético no funciona desde la heteronomía, sino desde el fuero interno, desde la voluntad de elegir el bien por encima del mal, y que a eso apela un documento de este tipo. Sin embargo, había que dar un pasito más, porque en los escenarios donde se da la rebatinga por los cachos del mercado donde la IA hoy genera sus mejores réditos económicos, el llamado a la acción prudente, respetuosa, equitativa y responsable suena como campanada que llama a misa.

La ONU debía pugnar por la acción legal directa, pura y dura, porque como refiere la Recomendación, nuestros derechos humanos y libertades fundamentales están juego. Esperar un cambio en la conciencia moral de estos free raiders es estúpido y criminal.

Del documento que busca ser algo más que simple papel mojado en la gestión ética de la IA, hablaré en mi próxima entrega.


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Pablo Ayala Enríquez
  • Pablo Ayala Enríquez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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