Política

Cuba: comunismo puro y duro, ahora sí

El pueblo bueno no ha encontrado todavía la variable de una categórica ecuación: el dinero que papá Gobierno reparte con tantísimo desprendimiento no es suyo sino de quienes lo engendraron en un primer momento —la socorrida “generación de riqueza” que tanto evocan los malignos neoliberales— y, encima, a los cobradores gubernamentales les llueve ese maná del cielo porque algunos individuos de nuestra especie son ambiciosos de cuna, tan interesados en los sucios bienes materiales como, digamos, el dueño de la taquería de la esquina, la despótica patrona de la lonchería dos calles más abajo o el mecánico que tan destemplado trato brinda a su chalán en el taller mecánico del barrio.

Llevadas las cosas al extremo de repudiar el lucro —porque, miren ustedes, más allá de no querer entender los mecanismos gracias a los cuales las sociedades pueden disfrutar de mayor bienestar, en los espacios públicos medran sujetos que propalan su aversión a “los ricos y los privilegiados” hasta el punto de instaurar un modelo globalmente confiscatorio—  tenemos ahora mismo a la Cuba castrista en el horizonte, una nación brutalmente empobrecida porque los sátrapas comunistas, rentistas del resentimiento y el odio de clase, han prohibido que comercien y ganen plata los humanos que habitan la isla.

¿De dónde, entonces, pudiesen abastecerse las arcas del Estado benefactor si nadie, fuera del ámbito severamente controlado por los comisarios del colectivismo, está autorizado para producir nada, es decir, ningún artículo que se venda en el mercado? 

La plusvalía que resulta de la comercialización les sirve grandemente a los supremos gobiernos: se agencian jugosas tajadas del “famoso valor agregado”. Estamos hablando del IVA, la carga fiscal al consumo. ¿Qué impuestos les cobran los castristas a los millones de cubanos impedidos de producir, de comercializar y de vender?

Al consumarse la mentada Revolución Cubana y desenmascararse los insurgentes como marxistas de confesionario, fue tal vez muy popular la medida de quitarles sus patrimonios a los potentados y repartirlos entre los desheredados a punta de subvenciones, ayudas, asistencias y gratuidades. Pues bien, el asunto es que ese dinero no estaba disponible a perpetuidad, se agotó como esos caudales dilapidados por herederos manirrotos que nunca aprendieron a trabajar.

Pasados algunos lustros y esfumada la hacienda sustraída a los magnates locales y a los nefarios yanquis-imperialistas, el aparato dictatorial de la isla pudo asegurar pasablemente su supervivencia económica gracias a la masiva ayuda de la Unión Soviética. Ocurrido después el derrumbe de la URSS, Cuba sobrellevó un mentado “período especial” plagado de privaciones y penurias hasta que —oh milagro de la subversión castrista en nuestro subcontinente— aconteció el advenimiento de un nuevo patrocinador, el comandante Hugo Chávez.

Muy bien, ya sabemos en qué ha acabado todo esto: ya no hay petróleo venezolano, la solidaridad de doña 4T no alcanza, se apareció Marco Rubio de la mano de Trump; en fin, Cuba vive, ahora sí, un comunismo puro y duro, sin anestesia. Pues, ustedes dirán…


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Román Revueltas Retes
  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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