Política

El idiota hipermoderno

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Hace un par de días, mientras trabajaba con un grupo de colegas, salió a cuento uno de esos proverbios que no tiene desperdicio: “Por más que se intente, la riqueza, la transa y la estupidez no pueden ocultarse”.

Y aunque la sentencia sea tan cierta como que el agua moja y el fuego quema, probablemente usted pensará que se queda corta, porque la pereza, el mal genio o lo soso, por ejemplo, son increíblemente difíciles de ocultar. Tarde que temprano salen a flote.

Mi afán no es corregir la plana de la sabiduría milenaria contenida en dicho proverbio, ya que de éste podemos aprender mucho con relación a la estupidez. En la vida diaria hasta cierto punto es fácil lidiar con la falsa modestia o mantener a raya al tramposo, pero del bruto es difícil escapar, porque la idiotez no descansa y se nos cuela como la humedad. Me explico.

En Filosofía ante el desánimo. Pensamiento crítico para construir una sociedad sólida, José Carlos Ruiz señala que en nuestra sociedad avanza una nueva forma de idiotez: la hipermoderna.

Al menos siete rasgos definen al idiota hipermoderno:

No necesita contrastar la información que consume porque “se somete a su sesgo de confirmación, y tachará de conspiración, manipulación o falsedad cualquier evidencia que pudiera negar o poner en duda aquello de lo que está convencido. […] Se centra más en su percepción de la verdad que en la verdad misma”.

Su capacidad reflexiva está mediada por la tecnología, la cual “ha convertido la realidad en algo más simple, evidente, sencillo, pero le ha mermado la agilidad, potenciado la pereza y debilitado la capacidad memorística y analítica”.

Reafirma sus creencias y las hace públicas. Como buen idiota, perdió la capacidad de escuchar, leer y prestar atención al otro, refugiándose “en un proyecto de vida bañado de egocentrismo que encuentra amparo y reafirmación en lo virtual”.

“Carece de miedo o lo percibe en los lugares más inverosímiles”.

Encuentra en las redes sociales comunidades de semejantes en las que se ampara y retroalimenta.

Es un incompetente inconsciente, porque “con apenas dos minutos de lectura, un par de fuentes y mucho arrojo”, concluye que su perspectiva está próxima a la clarividencia.

Despotrican de todo y contra todo, sintiéndose poseedores de la verdad absoluta que se desprende de sus microconocimientos.

¡Aguas! si se topa con uno de estos personajes, porque corre el riesgo de contagiarse o meterse en un problema innecesario.


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Pablo Ayala Enríquez
  • Pablo Ayala Enríquez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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