Sociedad

Pero lo hacemos

  • Criando Consciencia
  • Pero lo hacemos
  • Nadja Alicia Milena Ramírez Muñoz

Una mamá no debería voltear a ver al padre de sus hijos y preguntarse si sería capaz de violar a sus propios hijos.

Pero lo hacemos.

Una mamá no debería correr asustada ante una puerta cerrada, en la que se metió su esposo para vestir a su hija, pensando en vigilar y evitar lo peor.

Pero lo hacemos.

Una mamá no debería tener miedo de interponer su cuerpo entre su hijo rebelde de tres años y su esposo fuera de sí, con miedo a que se le vaya a los golpes a su pequeño.

Pero lo hacemos.

Una mamá no debería pensar que si menciona el divorcio, el hombre que le regalo rosas y la llevó al altar, sea capaz de tomar a sus hijas y ahogarlas en el mar.

Y ahora, en todo el mundo, muchas lo estamos considerando.

¿Cómo es posible que tengamos que vivir con este miedo? ¿Cómo es posible que las madres cuyas parejas resultan ser violadores, golpeadores y asesinos de niños tienen que vivir con la culpa de no haberse dado cuenta, como si fueran adivinas, como si fueran perfiladoras del FBI, como si fuera lógico tener que desconfiar de aquel que elegiste para criar y amar a tus hijos?

Como si en su mente tuvieran que imaginar un escenario en el cual un ser humano sea capaz de asesinar a sus propias hijas.

¿En qué mundo vivimos en que nosotras, las madres y nuestros valiosos hijos no estamos seguras en nuestras propias camas?

Es el terrorismo machista, que nos ha matado desde hace miles de años, que ha violado a nuestros hijos, que los ha arrojado al mar.

No deberíamos vivir con este nivel de alerta y adrenalina. Pero lo hacemos porque ustedes, varones. No son de fiar.

¡Sí! Las mujeres también. También violan, matan y golpean. 

Pero ¿saben? Estadísticamente todos, todos ustedes ejercen algún tipo de violencia aunque solo sea la indiferencia ante la carga mental que ahoga y mata de tristeza y agotamiento a una mujer.

Los hombres buenos te van a matar de carga mental, de depresión, de ansiedad.

Los hombres malos te matan a patadas, a violaciones o ahogan a tus hijas en el mar.

Y la única maldita defensa que tenemos es el conocimiento de que la violencia les ha sido heredada como un cheque en blanco que pueden usar en cualquier momento. 

Y las madres criando varones completamente aterrorizadas sabiendo las opciones de las que nuestros hijos disponen solo podemos criar y confiar que la consciencia sea suficiente para transmitir a nuestros hijos la capacidad de elegir distinto.

Nuestra única defensa es estar alertas ante su violencia, y aún así no considero que pueda ser suficiente. 

Es un monstruo bastante grande bajo la cama, muy difícil de esconder, ¿dónde se esconde la sed de sangre y la abierta justificación cuando se enteran que la mujer tenía la falda muy corta o tenía un amante o era "inestable"?

¿Dónde esconden la sangre fría con la que meten un cuerpo en una bolsa de plástico o hunden a una bebé en el agua, o nos esperan en los callejones o secuestran a su propia esposa?

Se esconden a simple vista, y es tiempo que los señalemos y los veamos realmente. Luchar a ciegas nos tiene en clara desventaja. No son monstruos. Son hijos sanos del patriarcado.

Nadja Milena Muñoz

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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