Definitivamente Trump no las trae todas consigo. Las reacciones coléricas del mandatario estadounidense dicen mucho de todos los rencores y odios que guarda y que, de alguna manera, transmite en sus actos de gobierno y, sobre todo, en las expresiones que manifiesta contra todo aquel que le contradice o que, simplemente, va en contra de sus ideas. No hay duda de que la intolerancia asoma cuando el gobernante no acepta errores y señala de manera flamígera a los que no están de acuerdo con sus políticas. Y no se trata de los principales objetivos de su represión y hostilidad para con los migrantes.
Sin embargo, los ataques del presidente del vecino país han llegado a su extremo. Si no, hay que tener presente los asesinatos de dos ciudadanos estadounidenses que pugnaban por los derechos de migrantes, acusando con marchas y manifestaciones multitudinarias a lo que se ha considerado ya como un ejército de matones en que ha convertido el Servicio de Control de >Inmigración y Aduanas de la Unión Americana, mejor conocido por sus siglas en inglés como “ICE”. Este organismo naturalmente es coercitivo por naturaleza, pero nunca había llegado al nivel de cometer homicidios que hasta ahora permanecen impunes. Esto, además de las tareas punitivas que se han extendido por varios estados con el apoyo incluso del Ejército, convirtiendo el supuesto “control” en una cacería despiadada que está terminando por desdecir a Trump de sus alardes de “pacificador” y quien pondrá orden en su país.
Aunque no entrañan el trasfondo de debacle moral, social y de legitimidad en el que Trump está hundiendo a su propio país (que no a su pueblo o a la mayor parte de él mismo), lo constituyen dos ejemplos palpables: el del reclamo airado al esquiador de Estados Unidos Hunter Hess, quien, entrevistado como competidor en los Juegos Olímpicos que se celebran en Milán Cortina, textualmente afirmó: “Es evidente que están pasando muchas cosas de las que no soy el mayor fan, y creo que mucha gente tampoco, el hecho de que lleve la bandera no significa que represente todo lo que está pasando en Estados Unidos”. La respuesta de Trump no tuvo medida y por su parte en su propia red social favorita (Truth Social), afirmó sobre el atleta de 27 años que tiene cuatro campeonatos mundiales: “Hunter Hess, un auténtico perdedor, dice que no representa a su país en los actuales Juegos Olímpicos de Invierno”. Lógico que lo evidente es que no soporta nada que esté en contra de su política. Y luego se extraña que, al asistir a la inauguración de dichos juegos en Italia, su vicepresidente James David Vance, al ser nombrado recibió una sonora e intensa rechifla de la concurrencia. Es obvio que los abucheos iban para el morador de la Casa Blanca.
Por otra parte, qué se puede agregar a lo visto en 130 países del mundo en el“Super bowl”, seguramente el mayor evento deportivo del año en Estados Unidos y el espectáculo de medio tiempo con mayor audiencia hasta hoy. El cantante puertorriqueño Benito Antonio Martínez, mejor conocido como “Bad Bunny”, quien hace apenas unos días había recibido el “Grammy” por el mejor álbum del año, protagonizó uno de los actos de más severa crítica contra Trump y en defensa de la unidad de los pueblos del continente. El mensaje ya se había anticipado en los premios musicales, donde enfatizó particularmente la labor trágica del ICE.
Los muchos millones que vieron en todo el mundo el espectáculo en el Super tazón realizado en la bastante latina y mexicana ciudad de Santa Clara, no tuvieron lugar a dudas. Trump no estuvo presente y temía una reacción general en contra de su figura, así que tampoco fue mencionado y ni siquiera el cantante se refirió directamente a su política y a su brazo armado. Tuvo la inteligencia, muy relevante, por cierto, para hacer algo que enardeció al mandatario: emocionar a millones de personas en un espectáculo lleno de simbolismos, cantar totalmente en español, respaldado por otros artistas como Lady Gaga y Ricki Martin. Y el mensaje de fondo resultó todavía mejor al ondear Bad Bunny las banderas y mencionar por su nombre a muchas de las naciones latinoamericanas, incluidos Venezuela, Cuba y México.
Vaya satisfacción la que dio este cantante originario de un país que mantiene asociado Estados Unidos pero que le da categoría de simple territorio. El espíritu de unidad de América, de toda ella, surgió ahí con fuerza y el presidente solamente optó por calificar lo “horrible” que fue. Así piensan los gobernantes cuando pierden el piso, se olvidan de que deben servir a todos y no a una parte, o que aspiran a ser reyes o dictadores. Así, lo único que les queda es imponer la política del garrote.