Parece que la inusitada práctica de la #pausa de hidratación” que hoy se practica en el campeonato mundial de futbol, nos viene muy a modo y les explico por qué. Cierto que eso que interrumpe los juegos con el tema de la salud de los jugadores, y que más bien parece un ardid publicitario, puede aplicarse a muchas otras cuestiones que definitivamente convienen incluso al gobierno. Abrir dicha “pausa” es seguramente lo que más anhelaba y también necesitaba el gobierno para alejarnos de los objetivos que han venido afectando la vida comunitaria y el derrumbe de muchos de los mitos y argumentos que se suele manejar ante los múltiples y variados temas esenciales en el país. Claro, además se suma el entusiasmo de la población ante los triunfos de la selección –cosa que bien sirve de respiro ante tanto caos–. Para entender que nada mejor que abrir un espacio del cual las principales beneficiarias son las autoridades.
Ojalá y se sigan cosechando triunfos para dejar de ser el eterno perdedor que cada cuatro años se topa con la realidad, ya que por lo menos una pizca de aire fresco puede acarrear provecho psicológico en medio de las graves situaciones que también parecen haber hecho su “pausa” en varios frentes, como el descenso de la delincuencia -lo que era tan temido para no seguir dando cara de nación en el desastre ante los visitantes extranjeros- si bien no hay que olvidar que las condiciones adversas el crimen, la baja en la economía y otras cuestiones relativas a las necesidades primarias, siguen ahí y no se irán fácilmente. Si acaso el único que nos lo recuerda a cada momento es el gobierno estadounidense que no quita el dedo del renglón en señalar y seguir señalando las fallas en seguridad y la persistencia en las acciones del hampa organizada y los traficantes de drogas que atiborran su país.
Ciertamente hay detrás del cortinaje de la justa deportiva, muchas cuestiones en las que debe estar ocupada y preocupada la presidenta de México. Los asuntos son tan variados que sería prolijo desmenuzarlos de golpe pero se siguen acumulando y muy pronto tantas frases trilladas irán provocando los desmentidos de la realidad. Por ejemplo, a nivel internacional no debe dejar de ser inquietante para la presidenta, su partido, el hecho de que varias naciones del continente están dando giros insospechados en los que la izquierda ha tenido uno a uno fuertes descalabros. Este es el caso evidente de la sucesión en Colombia en la que el gobierno marcado por el obradorismo debe ser inquietante. Es todo un tema aparte pero la oportunidad obliga a pensar que esta clase de gobiernos, como el de Petro, como los cambios sustanciales en las políticas de Perú donde retorna la dictadura fujimoriana, el de Venezuela hoy tan proclive a seguir los lineamientos de Washington y hasta de la misma Cuba que de fondo o como sea finge al menos cambios estructurales en esa nación para dar apertura al sector privado.
Aquí la conclusión es que no hay gobiernos invencibles y que, a pesar de todos los candados que están cercando la democracia mexicana, de las imposiciones, de la burla a las leyes con el lanzamiento nada disfrazado de candidaturas, del asedio a los consejos electorales locales, de la suma de cada vez más consejeros en el INE siervos de las causas de Morena, etc., las cosas pueden cambiar bastante. Lo sucedido en Colombia es verdaderamente un ejemplo para considerar, similitudes con nuestro país son muchas, sobre todo porque la corrupción en muchos de sus actores es solapada por los partidos en turno, además que su presidente iba por los mismos pasos y quién sabe y el ejemplo y las lecciones de López Obrador le sirvieran de trazo a seguir para lo que en realidad se persigue: la perpetuación del poder.
Por otro lado, nada más preocupante que ver la manera en la que se sigue tolerando y hasta encubriendo y protegiendo a los políticos afines a ese partido que han sido señalados directamente por la comisión de hechos delictuosos, de asociaciones con criminales y de solapamientos manifiestos y comprobados de alianzas que lejos de ser “investigados”, son simplemente cobijados, escondidos, poner fuera del alcance de un potencial “secuestro” que los lleve ante autoridades judiciales del país vecino. “No hay pruebas”, se insiste cuando para más de trescientos extraditados sólo en este gobierno, eso de las “pruebas” ni siquiera se tomó en cuenta.
Está bien que no solamente ellos, a los que les conviene, sigamos disfrutando de un campeonato que tanto ha llenado de gozo a los mexicanos. Y ojalá que sigan esos éxitos. Empero, las madres de desaparecidos también son “desaparecidas” de los escenarios ya que no convienen sus reclamos en estos momentos según las autoridades. Soterradamente se han hecho seguramente cosas indecibles para frenar una ola de inconformidades que, téngase por seguro, retomará su fuerza y presencia, aunque se les haya sometido a todo -desde los sobornos a la CNTE, a los palos y los garrotazos a los menos fuertes-, para que el despertar no sea demasiado fuerte y hasta violento.
Mientras, hay que suspender el juego para ir a “pausa de hidratación”, lo que mejor acomoda a quienes gobiernan y aprovechan el momentáneo trance festivo, para seguir trabajando en sus estrategias perniciosas. Esa pausa, desde luego, tiene su tiempo, y el gobierno tendrá que encarar otra vez una realidad que a la vuelta del año que viene, puede traducirse en su impensable derrota en muchos frentes.
Claro que pese a todo, no dejemos de gritar nuestro ¡Viva México!