Política

La quinta revolución china, de la imitación a la innovación (I)

  • Columna invitada
  • La quinta revolución china, de la imitación a la innovación (I)
  • Miguel Carmena Laredo

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El profesor Ramón Tamames publicó en 2007 el libro titulado El Siglo de China. De Mao a primera potencia mundial, un ensayo sobre la economía de la República Popular de China. En su segundo capítulo, “La cuarta revolución: Deng y la OMC”, presenta el proceso histórico de transformación que llevó al país del aislamiento a convertirse en superpotencia mundial. Este período se caracterizó principalmente por su apertura económica, su acelerada industrialización y su integración definitiva en la globalización. Se podría decir que ahora, en la quinta revolución, asistimos al despegue tecnológico como elemento fundamental para ganar competitividad. Además de las subvenciones estatales, la apuesta por la vanguardia tecnológica constituye el gran pilar del desarrollo.

Los planes estatales “China 2035”, “Made in China 2025”, metas climáticas, etcétera, buscan transformar a China en una potencia tecnológica, económica y militar avanzada. Los objetivos son claros: consolidarse como potencia tecnológica global, alcanzar un desarrollo económico de “alta calidad”, reducir desigualdades internas, liderar sectores estratégicos (IA, energía, industria), fortalecer su influencia geopolítica, avanzar hacia la neutralidad climática y modernizar su ejército dándole una mayor capacidad operativa. En términos simples: pasar de ser “la fábrica del mundo” a ser una superpotencia innovadora.

China quiere dejar atrás el modelo basado en exportaciones baratas y construcción masiva, y se ha fijado unas metas claras: crecimiento más lento, pero sostenible, mayor consumo interno (“doble circulación”), innovación como motor principal, reducción de dependencia tecnológica extranjera y expansión de la clase media. La meta es llegar a un PIB per cápita cercano al nivel de países desarrollados, en torno a 20 mil dólares.

En la tecnología y en la industria, China quiere dominar tecnologías estratégicas y se ha marcado unos sectores prioritarios: inteligencia artificial, semiconductores, robótica, biotecnología, computación cuántica, sector aeroespacial, redes 5G/6G, vehículos eléctricos y energías renovables. Los programas clave que maneja el Estado chino son “Made in China 2025”, “China Standards 2035” y el Plan de innovación científica nacional. El objetivo que predomina es la autonomía tecnológica frente a EU y Occidente; un tema primordial, casi obsesivo.

En infraestructura y urbanización, sus prioridades son las ciudades inteligentes, el transporte de alta velocidad, las redes digitales, la infraestructura verde, el desarrollo regional equilibrado y aumentar la influencia económica mundial. Otra meta es la neutralidad de Carbono para 2060.

Además, el Partido Comunista busca estabilidad social, reducir la desigualdad, combatir la pobreza, reformar la educación adaptándola a las demandas de la sociedad actual, afrontar el envejecimiento poblacional, aumentar la natalidad. 

China quiere, además, una modernización de sus fuerzas armadas que puedan competir con Estados Unidos, con una presencia naval global, dominio en el ciberespacio y el espacio, y reforzar su influencia en Asia, África y América Latina.

Todo esto se basa en garantizar la estabilidad y legitimidad del régimen. En resumen, para 2030, China quiere ser una superpotencia tecnológica, económica y militar, con mayor autosuficiencia, influencia global y desarrollo interno más equilibrado.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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