Política

Poder en crisis o crisis de poder

Decidir es el verbo más usado por quien tiene alguna clase de poder. El padre de familia tiene el poder en esa su familia para ayudarla a conseguir el mejor modo de vida, lo cual implica construir la idea de “mejor” modo de vida en situaciones, prácticas, cuidados y decisiones. Construcción en la cual han de participar todos los miembros de la familia, pues de otro modo puede “romperse” la buena relación entre los integrantes y la idea de mejor modo de vida pierde consenso.

Conocemos desastres familiares desatados por decisiones sin consulta del padre, de la madre o del binomio padre-madre, decisiones insatisfactorias para otros miembros de la familia. Y de ahí a una imposición acerca de cómo lograr aquel modo de vida mejor, inicialmente diseñado por todos los familiares. No es lo mismo abrir las decisiones cuando están en construcción, a consultarlas cuando se aplican y requieren decisiones operativas para resolver los “atores” normales en una familia.

Guardando las diferencias, el proceso de decidir cuál es el rumbo del país y las decisiones requeridas por la puesta en operación del plan decidido y concretar en lo cotidiano las acciones necesarias, requiere definir muy bien quien tiene el poder de decidir las actuaciones demandadas por la realidad. En cualquier país las decisiones han de basarse en el poder para pensarlas, tomarlas e imponerlas con base en el poder individual o colectivo.

Ese diseño, cuando se trata de usarlo para enfrentar las situaciones en las cuales se demanda las decisiones desde el poder, puede aplicarse con claridad y eficacia, o puede verse obstruido, al menos en parte, porque en los hechos algunas decisiones no se pueden aplicar por que encuentran oposiciones en quien le corresponde aplicar lo decidido. De ahí la constante inquietud: Quién tiene poder ¿lo puede aplicar?

La respuesta normal es sí. Sin embargo, en ocasiones es ¿el responsable se atreverá? Aún más: con frecuencia se especula que el responsable no se atreverá por… y aquí se enuncia el caos previsible.

Ahora bien, cuando se genera alguna situación crítica todos esperan la actuación y decisiones del responsable de resolver, y se quedan atentos de los resultados. La presidenta de México toma con ligereza la muerte alevosa del presidente municipal de Uruapan, persona querida y activa frente a las situaciones delictivas en su territorio. Frente a esa actuación hay quien dice: la presidenta se equivoca al tratar de rebajar la importancia del hecho. Otros, sucede así porque no puede molestar demasiado a quién está detrás del crimen. Y unos terceros, aseguran que es de esperarse medidas fuertes desde el gobierno federal Esas reacciones la llevan a tomar acciones contra el crimen organizado en Michoacán, a expresar su apoyo a la mujer nombrada presidente interina, “casualmente” esposa del presidente asesinado. Se calma un poco la agitación. Y la presidenta propone un Plan Michoacán que renovará la estrategia anticrimen y así enfrentar la situación demostrando que tiene el poder. La crisis evidencio al poder.

No pasó mucho tiempo y el país ve llenas de transportistas y agricultores estacionados en carreteras y poblados, bloqueando el tránsito normal y con insistencia en seguridad en los caminos, mejores precios para los productos agrícolas y freno a la nueva Ley de Aguas Nacionales, que al ordenar nuevas formas de control del agua les complica la producción a los agricultores. Un número alto de bloqueos carreteros es la manifestación de resistencia de esos productores.

Es una situación en la cual el poder está cuestionado pues la demanda de los inconformes no se acepta y éstos deciden hacer una acción en extremo perniciosa para quienes requieren de usar las carreteras y los caminos para hacer su trabajo y cumplir sus obligaciones. Al mismo tiempo el poder no puede conceder sin lastimar la parte más sensible, hoy y antes, del ser humano: la bolsa. Los dineros están escasos y los “agujeros” necesitados de cerrarse so pena de crisis. La crisis del poder.

El poder del gobierno se necesita en las sociedades para ordenar y controlar el flujo de vida de la sociedad. Libertad, justicia, cuidado, responsabilidad son apenas los mínimos para organizar, cuidar, mantener y reponer valores y propósitos de la vida social. De ahí la búsqueda permanente de resolver necesidades y motivar la acción ciudadana para mantener, evaluar, proponer mejoras a la operación la propuesta del gobierno; hacer notar excesos y fallos del gobierno, a fin de corregirlos y mejorarlos.

Se dice fácil. Se hace lo imposible y a ratos, como los de estos días, no alcanza para mantener orden, paz, logros y acuerdos de convivencia. Crisis y poder, hermana y hermano de todo gobierno democrático. A los ciudadanos nos queda la participación en la construcción de opciones y modos eficaces, eficientes y posibles; para colaborar así a la posibilidad de gobernar y gobernarnos en nuestros lugares de vida, trabajo y descanso.


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Miguel Bazdresch Parada
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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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