Política

Convivir para educar

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Convivir con los demás miembros de este mundo, y de esta época en la cual estamos vivos y viviendo, es una condición del ser humano, hoy (hace rato) necesitada de ser revivida por los humanos y las humanas testigos y constructores de esta época.

Un crítico podría revirar a lo anterior con un punto controversial. Se trata, diría, de invertir los términos de la afirmación anterior. Primero somos humanos y luego convivimos, pues la convivencia es una situación creada por las personas cuando se reúnen varias condiciones y convicciones de quienes quieren convivir.

Desde una mirada, lo anterior puede retratar la vida social de hoy, llena de seres humanos difícilmente cercanos, ya no digamos para convivir, sino para siquiera conocer de la existencia y presencia de esos otros, casi siempre una imagen borrosa y lejana en las imaginaciones de las personas.

Regresemos por un momento a considerar la convivencia como condición de ser humanos. Quien no convive, se pierde de muchos bienes surgidos de las relaciones con las personas- Por ejemplo, quienes pasaron por la vida de cada quien como sombras o un rayo de luz o quizá corriendo aprisa para no vernos y no verlo, casi ni adivinarlo.

Hay un punto con frecuencia olvidado en las relaciones (o en las no relaciones) con otras personas. Se trata de reconocer qué nos pasa cuando vemos a alguien y se suscita en nuestro ser (algunos le dicen corazón, otros le dicen cerebro lateral, se define como incremento de los latidos de ese corazón, tan útil para localizar lo que no sabemos reconocer o siquiera nombrar) un movimiento, eso que llamamos sensibilidad, apurado y a la vez confundido pues el impulso de relación puede quedar en las ganas, dadas las condiciones de tiempo y lugar del suceso.

El ejemplo anterior nos permite poner en el centro la relación con otros, otras personas de este mismo mundo. Es un centro aun negado por muchos y hasta amenazado por extremistas, disfrazadas de educación. Regresemos un momento a reconocer la índole de la situación de relación. La relación dicen los estudiosos es un vínculo, por sencillo que sea, entre las personas aceptantes de tal vinculación, la cual es una condición para realizar, producir algo, cuya producción o realización no podemos lograr sin esa otra persona vinculada.

Los estudiosos de las relaciones de los humanos afirman la importancia de caer en la cuenta de la alta cantidad de relaciones de los seres humanos. No nos quedamos con relaciones con humanos. También nos relacionamos con las cosas.

Los aparatos que nos sirven para trasladar nuestro cuerpo de un lugar a otro es una muestra cotidiana y numerosa de cómo estamos relacionados con cosas.

Desde los zapatos o los huaraches que median entre pie y piso, por lo cual los cuidamos y les damos mantenimiento. Y ellos responden: siempre listos. A ratos los maltratamos y ellos empiezan a “morir”, es decir a dejar de ser lo que eran. Las personas se desentendieron de la relación necesaria de mantener, cuidar y atender. Los zapatos murieron en la basura. Las personas perdieron la oportunidad de cultivar una relación y aprender sobre el relacionarse.

¿Por qué los niños y las niñas en la escuela no les gusta que otra persona se siente en el escritorio asignado a él? ¿Tienen una relación, no humana, y sí valiosa para colaborar en lo necesario, según sus posibilidades? Los estudiosos afirman positivamente. Somos los humanos seres relacionadores. Sin embargo, quizá por no cuidar, mantener y atender nuestras relaciones con los no humanos, tampoco hemos aprendido a mantener, con nuestro ser en la mano, las relaciones con otras personas.

Desde luego, no es fácil porque las personas con los desconocidos o con quien sentimos nos quieren controlar, no queremos relacionarnos y nuestra moción, acción, es de trámite (te pago y listo, por ejemplo) y por tanto verificamos que las relaciones se guardan para personas muy especiales. Y por tanto se hace muy difícil convivir. Y muy fácil tramitar, cumplir, atrasar el compromiso, etc.

Convivir es relacionarme. Mejor, caer cuenta de las relaciones con las cuales ya vivo, y me intereso en mantener y crecer. Esa búsqueda, y el aprendizaje que está en el fundamento de la búsqueda, es el campo del cultivo de relaciones. Familia, escuela, trabajo, música, fiesta, libros, inteligencia artificial, mascotas, amigos, amigas… es un mundo para mantener en relación y en convivencia… todo para educarme, esto es, humanizarme sin otra búsqueda que el convivir, esa moción, ese movimiento hacia el mundo y quienes lo habitamos. Convivir es una moción, un movimiento inicial y a la vez pleno, cimiento de todo lo que den y otorguemos nosotros a las relaciones consecuentes. Finalmente lograremos educarnos.

Según esta idea del ser humano es tal en la medida de sus relaciones y su convivencia. La educación es el camino para ese logro. Sólo conviviendo nos educamos; sólo educados convivimos con mundo y personas.


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Miguel Bazdresch Parada
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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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