Hace algunos años los tiempos electorales se respetaban, o al menos se cuidaban las formas. Los actores políticos de los distintos partidos, y principalmente los hegemónicos, cubrían las apariencias por el riesgo de ser sancionados o vetados.
Al final era una simulación, pero por lo menos tenían temor a las leyes o bien a los reglamentos internos. Hoy en día nada de eso existe, y los nuevos protagonistas hacen proselitismo de manera descarada en franca violación a las reglas del juego.
Desde el Palacio Nacional se alientan las aspiraciones, y por todos los estados se replica la fórmula. Con el argumento de que en Morena practican la democracia, muchos se han lanzado a la aventura y hay otros que aseguran tener derecho y la posibilidad de obtener un cargo.
Sin embargo, las posiciones son las mismas y los candidatos abundan. En el 2024 además de la Presidencia, se disputan nueve gubernaturas, 128 senadurías, 500 diputaciones federales, y en algunos también alcaldías y diputaciones locales.
Pero para cada una de estas posiciones hay hasta 10 tiradores, sin contar a los demás partidos. Por esa razón muchos se preguntan cómo le harán para ponerse de acuerdo cuando se tome la decisión final.
Es muy probable que más de uno se sienta traicionado, o bien cuestione la validez del método de selección, y por supuesto estaría en su derecho de hacerlo, porque todos estos años les han vendido la idea que el pueblo decide.
Sin embargo, a diferencia del otrora partido en el poder, el PRI, había una cualidad llamada “disciplina” impuesta literalmente a sangre y fuego. En Morena, por ser una mezcla de varias ideologías es muy complicado lograr esa “unidad”.
En el caso de Puebla, hay por lo menos cuatro hombres y cuatro mujeres que tienen ganas de alcanzar la candidatura, y se antoja difícil que al concluir el proceso salgan levantando el brazo del ganador o ganadora.
Ese es precisamente el gran reto del partido guinda, salir fortalecido de una contienda interna que lleva meses, y en la cual todos tienen la legítima aspiración de llegar a la meta.