Cultura

Amin Maalouf

Amin Maalouf, El laberinto de los extraviados. Occidente y sus adversarios, Alianza Editorial, México, 376 pp.
Amin Maalouf, El laberinto de los extraviados. Occidente y sus adversarios, Alianza Editorial, México, 376 pp.

Aun cuando uno supondría, habituado a las campañas publicitarias que suelen emparejarse con el reconocimiento internacional de las obras de los escritores de actualidad, tener a la mano los muchos títulos del libanés Amin Maalouf (Beirut, 1949), esto no es así.

Lamentablemente.

Del más reciente premio Fil de Literatura en Lenguas Romances, en el catálogo de conocida y prestigiosa librería (la de la preferencia de miles y miles hace años y años) sólo están disponibles dos de los dieciocho libros enlistados del gran Maalouf.

Afortunadamente.

Pese a que entre los primeros dichos no estén ni León el africano (1988), que revelara al autor entre los lectores en español, ni La roca de Tanios (1993), novela merecedora del este sí prestigioso premio Goncourt, ni Samarcanda, que en México rescató (1990) la editorial estatal, en la célebre colección Fin de Siglo.

Bellísimo relato aquel, la vida de dos seres humanos y, con ella, la de muchos otros hasta alcanzar horizontes de civilizaciones en la historia, y del que recupero su emocionante arranque: en el fondo del Atlántico hay un libro. Yo voy a contar su historia.

(“…cuando el Titanic naufragó durante la noche del 14 al 15 de abril de 1912, mar adentro a la altura de Terranova, la más prestigiosa de las víctimas era un libro (…). Protegido por su cofre de oro, emergerá intacto de las oscuras sombras marinas, enriquecido su destino con una nueva odisea. Unos dedos podrán acariciarlo, abrirlo, hundirse en él (…)”.

***

De extravíos y encuentros en el tiempo… pareciera ser, es de lo que habla una y otra vez la obra de Maalouf.

Tiempos mejores tendrán sus lectores para comprobarlo a cabalidad, siempre en el descubrimiento de un autor que no pareciera preocuparse por el establecimiento de fronteras rígidas en el desarrollo de los géneros literarios. Una obra especie de mixtura narrativa donde la historia personal, la buena prosa y el gusto por imaginar están presentes.

Así pueden leerse ahora mismo El laberinto de los extraviados. Occidente y sus adversarios y Nuestros inesperados hermanos, unas seiscientas páginas en suma (eso sí, desembolsando casi mil pesos por ambos) que confirman las tesis del gran pensador y sus imágenes literarias.

¿Naufragio, su palabra central?

Seguramente; forzosamente aproximativa, responde desde alguno de sus párrafos el autor.

“Podrían hallarse otras muchas imágenes capaces de describir los sobresaltos de este siglo. Pero ésta es la que me obsesiona. No pasa ni un día, en esta última temporada, en que no se me venga a la cabeza”.

***

¿Qué papel juega la literatura y la novela en este naufragio civilizatorio?, pregunté en algún momento a Maalouf.

“El problema principal del mundo hoy en día no es la falta de medios, tenemos casi todos los medios al alcance, económicos, tecnológicos y más con los cuales se podrían resolver todos los problemas”, me dijo.

“El dilema está en la mentalidad, en los valores que guían a las sociedades. La cultura. Su rol en relación con los valores, pues es esta, la cultura, la que posibilita la recreación de los valores. Con cultura se enseñan y extienden valores. El rol de la cultura se ve en la modificación de los valores sociales.

Lo que puede hacer la literatura es imaginar al mundo del mañana y advertir sobre los riesgos del hoy. Esas son las principales funciones de la literatura y de la novela. En sus libros, el novelista de tiempos de crisis tiene que ver con la mentalidad más que con la política”.

***

Un sillón que mira al Sena, Las escalas de Levante, El desajuste del mundo, Las Cruzadas vistas por los árabes… y otros libros de Maalouf estarán por llegar, haciendo a un lado la inoportuna aclaración de agotado (si bien ello pueda hablar de sus prolíficas lecturas).

En tanto, algo más (para comenzar este nuevo año) de Samarcanda:

“se ha hablado tanto de las rutilantes celebridades que se embarcaron en el Titanic, que casi se ha olvidado a aquellos para los que ese coloso de los mares fue construido: los emigrantes, esos millones de hombres, mujeres y niños que ninguna tierra aceptaba alimentar y que soñaban con América”.

Décadas después, Maalouf escribirá:

“qué triste sería que el trasatlántico de los hombres siguiera navegando hacia su perdición, inconsciente del peligro, convencido de ser indestructible, como tiempo atrás el Titanic, antes de hundirse, en la oscuridad, al chocar contra su fatídica montaña de hielo, mientras la orquesta tocaba Más cerca de ti, oh Señor y el champán corría a raudales”.


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Mauricio Flores
  • Mauricio Flores
  • mauflos@gmail.com
  • Periodista, estudió Ciencia Política y Administración Pública en la UNAM
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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