Cultura

Marcelino Perelló: simpatía y solidaridad

Marcelino Perelló Valls, Los restos del naufragio y otras historias, Laberinto ediciones, México, 352 pp.
Marcelino Perelló Valls, Los restos del naufragio y otras historias, Laberinto ediciones, México, 352 pp.

El imperio contraataca.

Ni duda cabe.

Personificado en uno de los políticos más mentirosos y pragmáticos de los últimos años (en realidad un empresario con atuendo de político) el capital hegemónico viene haciéndose de nuevos y mejores espacios dominados para su único beneficio.

Habrá que plantarle cara.

Pero, cómo, preguntarán unos y otras.

Desde el terreno de la colectividad, organizada y sistemáticamente, responderán algunos; desde las individualidades, propondrán otros, haciendo de lo personal algo genuinamente social.

Suma de gestos que consigan esculpir el rostro de la paz y el bienestar.

Qué habría dicho, escrito, reflexionado (imagino ahora, su libro póstumo en mis manos, Los restos del naufragio y otras historias, Marcelino Perelló).

Cuál su caracterización, no exenta de su particularísimo estilo reflexivo y expositor, acerca de Trump y sus cínicos y criminales asaltos.

Nunca eludió el debate, Perelló.

De cierta manera, la vorágine suscitada a partir de alguno de sus comentarios, “políticamente no correctos”, sobre cuestiones de género y sexualidad lo acercó a su muerte, en abril de 2017, según recuerda Mercedes Perelló, su hermana, responsable de la edición de Los restos del naufragio… (Caso similar al del rector de la UNAM Javier Barros Sierra, quien, de hecho, había muerto el 30 de julio de 1968, data de la entrada del Ejército a la Universidad, y no dos años después, 15 de agosto de 1971).

Un libro organizado con textos recopilados de entre los cientos y cientos publicados (incluso algunos inéditos) a lo largo de casi tres décadas en la prensa mexicana, así como de sus alocuciones en el programa radiofónico “Sentido Contrario” (UNAM).

(Cómo no recordar la cortinilla de entrada de la emisión, martes a martes, que reproducía la suite número 1 in G mejor de J. S. Bach y aquello de …a veces, es la manera de llegar más rápido; a veces, es la única manera de llegar; a menudo, es la manera de no llegar; y pese a todo, casi siempre, es lo único que tiene sentido, en voz de Juan Stack).

Con prólogo de Carlos Puig y presentación de Esteban Ascencio, el libro se divide en cinco partes: una acerca del derrumbe de la Unión Soviética y la consiguiente conformación de un nuevo orden internacional; otra sobre el movimiento de 1968 en México y el mundo (conocida la destacada participación de Perelló en aquellas jornadas); una más sobre los matemáticos (la profesión universitaria del autor); además de textos sobre “la sociedad del espectáculo” y los referentes a la polémica del llamado “encuentro de dos mundos”, “más que un eufemismo una desvergüenza”.

Bien llega la lectura de Los restos del naufragio… en estos días trumpianos.

Días también de simpatía y solidaridad.

(Bruce Springsteen lanza “Streets of Minneapolis”, canción de protesta al “terror estatal” que vive aquella ciudad y se indigna por la muerte de los estadunidenses Alex Pretti y Renee Good; Joan Baez publica un poema, “Little Green Worm”, donde sugiere que un “pequeño gusano verde” se habría comido el cerebro del presidente norteamericano; Lady Gaga protesta en sus conciertos de Tokio contra las actuaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, ICE).

Simpatía y solidaridad, escribió Perelló (1944-2017), “uno de los más buscados dirigentes del movimiento”, a tres décadas de aquellos días.

Rememora:

“…habíamos conseguido infiltrar el correo interno del Comité Organizador de los XIX Juegos Olímpicos. Nuestro vínculo fue una chava prendidísima que trabajaba para la Secretaría de Comunicación y Relaciones del Comité. De hecho, la tarde del 2 [de octubre] yo estaba oculto en su casa […]. El caso es que, a través de esta joven, de cuyo nombre sí quisiera acordarme, hicimos llegar a todas las delegaciones olímpicas que se encontraban en México una exhortación a que se retiraran de los Juegos o que, por los menos, manifestaran de una manera u otra su simpatía y solidaridad con la lucha de los estudiantes mexicanos”.

Algunas delegaciones deportivas, recuerda Perelló, tuvieron algún gesto.

“Claro que ninguno de ellos de estos gestos apareció en las noticias”.

“El que sí apareció, y cómo, fue el de los corredores gringos de 200 metros, gringos y negros, Tommie Smith y John Carlos, que en la ceremonia de premiación levantaron el puño, enguantado en negro.

“El problema fue que el gesto, inocultable, fue tratado por la prensa, nacional e internacional, como de soporte únicamente a los Panteras Negras, y no ¿un gesto? De apoyo al movimiento mexicano, el cual, sin duda alguna, estaba ahí. Cuando uno quiere decir demasiadas cosas al mismo tiempo, se corre el riesgo de que no pase ninguna”.


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Mauricio Flores
  • Mauricio Flores
  • mauflos@gmail.com
  • Periodista, estudió Ciencia Política y Administración Pública en la UNAM
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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