Intento recordarlo con cuidado al estar acompañado. El uso pertenece a las costumbres árabes impregnadas por la educación familiar. Otras regiones tienen gestos parecidos. Sentarse frente a un otro se hace con los pies en la tierra. Cruzar las piernas para dejar la base expuesta de un zapato apuntando es falta de respeto. Insulta. Las suelas pisan, acumulan lo sucio y se llenan de su peor forma. Incluso sin estar a la vista.
En México no acostumbramos a mencionar la mierda. Creo, preferimos su nombre infantilizado. Nadie debería sentirse tan cómodo con su presencia. Aquí la observamos sin el menor pudor. Somos sus mejores espectadores.
Observamos la muerte bajo el fuego de cuarenta migrantes y después viramos a nuevas imágenes de lo que facilitamos: desesperación y humillación en las fronteras. Al norte, varadas en tiendas de campaña, mujeres abrazan a uno de sus hijos. El que se llevaron. A los demás les tuvieron que dejar en el lugar de origen. Testimonios al alcance de todos cuentan que luego de atravesar la selva centroamericana lo más difícil es México. Sí, somos lo más difícil. Ni siquiera nos preguntamos por qué. Mucho menos nos damos asco.
En este país gobernabilidad se dice con cincuenta secuestrados en un autobús, desapariciones y muerte bajo la custodia del Estado. En ciudades, cárceles, carreteras. Nos volvimos espectadores de la violencia resultado del delirio de tres administraciones y acentuado en los últimos cuatro años. Simpatizantes del gobierno en turno disocian responsabilidades y desde hace tiempo solo articulan en código electoral la continuidad del horror.
Espectadores del rompimiento de códigos políticos y democráticos. Votemos jueces, luego impuestos. Aunque no suceda queda el sedimento que imposibilita la funcionalidad de un país. Cualquiera.
Espectadores de la vulgaridad. El general Secretario que decía discernir no discierne entre lo opaco. Es incapaz de explicar lo personal y rendir cuentas sobre sus funciones.
Lo nuestro no es surrealismo sino un mal cuento Dadá.
En la vida normal el poder administra mediocridades. Este no es el país de los brazos cruzados, sino de las piernas una sobre otra. El poder administra lo que tiene bajo la suela.