Una frase destinada a la localización de desaparecidos en Siria acompaña mi perspectiva sobre los últimos días de Venezuela. La “búsqueda de pertenencia local, con apoyo internacional”, contiene el método para que la titularidad de las acciones quede en manos del país en proceso de reconstrucción, y éste cuente con el respaldo exterior necesario para facilitar sus esfuerzos ante situaciones de dimensión brutal. El sistema, útil en el esclarecimiento de atrocidades, hoy es indispensable para la salida de estructuras dictatoriales.
Si bien el control de Estados Unidos sobre las autoridades interinas en Caracas complica las nociones de una transición democrática, con todo y los argumentos de realpolitik que intentan imponerse, es su compatibilidad con las condiciones locales que me remite a aquella cita para Siria y hace dudar de la sensación de seguridad en Washington.
Las esferas de influencia como meta más allá de la retórica, muestra la nostalgia en los derredores de Trump por un sistema de dominio que no pocos han recordado que ya tenía la Casa Blanca.
El regreso a nociones de esferas de influencia se entiende por las dificultades de contener fenómenos con políticas de multilateralidad tradicionales. Migración, quizá el más relevante. Solo que esa apuesta por hemisferios contrapuestos no contempla la evolución de ánimos sociales. Reaccionan más rápido y con más ventanas que antes, reclamando su urgencia de entrega a entornos más susceptibles al tiempo.
Cuando una sociedad, la que sea, ve posibilidades de salida a los peores momentos, su tolerancia es limitada. ¿Cuánto tiempo de gracia le darán las calles al experimento Rubio-Delcy Rodríguez?
En Siria, lo primero que se hizo fue liberar presos de las cárceles. Luego, administrar las prioridades de lo más básico. Cada desatención ha terminado en asomos de fragilidad. ¿Qué harán los aparatos de fuerza si la calle vuelve a salir en Venezuela?
Hablamos de Trump por razones obvias, lo hacemos menos de Rubio, Miller y Hegseth, para quienes desempolvar concepciones de mundo es posible sin notar sus cambios. Son los segundos, en principio, pero en vías de convertirse en los siguientes al conducir la política estadunidense.