Política

Contra la costumbre

Las herramientas de supervivencia tienen límites. Hemos abusado de la capacidad para separar lo que vivimos de lo que es condición. Forzar la apariencia de normalidad no equivale a responsabilidad en un gobierno cuando el orden en el territorio deja de ser el suyo. Lo dejó hace tiempo. Es crear el ambiente de discreta impunidad que nos dio lo que tenemos. Jalisco, Michoacán. Fueron 20 estados.

El contexto político que permite la fuerza y dispersión de los grupos criminales no se ve únicamente en sus expresiones más detestables, las redes de protección, su corrupción, la infiltración en la generalidad de estructuras nacionales. Hay un contexto previo, generado por las formas regulares y legales de la política mexicana que no puede ser separado del crecimiento de las organizaciones criminales: el país que vive en crisis o confrontación política permanente y hace de sus actores, vacíos y pertenencias las materias de debate central.

La cohabitación de la vida republicana con la vida a merced de estructuras criminales solo es espacio de desarrollo para la última.

Ni siquiera con la violencia posterior a la muerte de El Mencho, el estado de emergencia apareció como noción permisible para el lenguaje político mexicano.

Las nociones del estado de emergencia llevan a la discusión de largo plazo, que desgraciadamente pierde sentido de realidad ante la urgencia. Eso, si hay voluntad política que con un gramo de honestidad nadie puede decir que existe de forma infalible. La reconstrucción institucional o el fortalecimiento de policías y sus controles son imprescindibles, pero no tocan lo que se puede hacer de inmediato: asumir el estado de emergencia en el que se encontraría cualquier país con sucesos como los nuestros; entender jerarquías; darse cuenta cuándo es momento para aparentar normalidades que permitirían otros asuntos, reforma electoral incluida, como escribió ayer Carlos Puig.

Si la grilla tiene un límite y no lo encontró este fin de semana, ignoro cuál sea.

La operación del domingo no es política, es un acto militar o policial, obligado y correcto, pero no una acción de cambio a las maneras políticas que ayudaron a la construcción del monstruo con el que convivimos.


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Maruan Soto Antaki
  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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