Hace dos días, el 9 de junio, Vicente Leñero habría cumplido 93 años.
En 1994 recibí una llamada de Vicente, cuando yo era corresponsal de Proceso en Washington y él era subdirector, además de mi maestro y mi amigo. Me dijo que quería ir al Mundial. Era por muchos conocida su afición inquebrantable por el beisbol, pero menos conocida era su pasión por el futbol.
Pasamos veinte días juntos recorriendo varias ciudades, siguiendo a la Selección Mexicana. Él reporteando y escribiendo para la revista, yo aprendiendo y disfrutando de sus conversaciones en desayunos, comidas, cenas y, por supuesto, partidos y entrenamientos.
Sus textos de aquellos días, una joya, están en el archivo de Proceso y en el libro Sólo Periodismo, de Seix Barral.
En aquellos días me habló muchas veces de una conversación con José Antonio Roca que tuvo en mayo de 1978, pocos días antes de que la Selección Mexicana volara a Argentina para disputar aquel Mundial. Sí, aquel. El peor desempeño de una Selección Mexicana en un campeonato del mundo. Tres partidos perdidos, doce goles en contra, dos a favor. Último lugar.
Desde que Vicente llegó a la entrevista, Roca le advirtió que tenía 45 minutos. No más.
Así comienza el texto de Vicente publicado en Proceso sobre su conversación con Roca, con una pregunta hecha al final: “¿Qué representa para México el futbol y qué significa nuestra participación en la Copa del Mundo?
“En tiempo de compensación, agotados ya los cuarenta y cinco minutos que concedió para la plática, José Antonio Roca recibe la pregunta como un centro templado y dispara, en los linderos del área. Su respuesta es una bala dirigida al ángulo superior derecho, un trallazo imparable.
Recibe Roca el centro templado, ¿qué representa para México el futbol?, y dispara:
—Intereses de todo mundo, menos de los que vivimos del futbol”.
Y así termina:
“—¿Qué pasará si México no califica para octavos de final?
—No sé —retrocede Roca.
—Pero será una desgracia nacional, no se desestabilizará el gobierno.
—Claro que no.
—¿Afortunadamente o desafortunadamente?
—Para mí, como hombre de futbol: desafortunadamente. Como mexicano: afortunadamente.
“El silbatazo final. Han concluido los cuarenta y cinco minutos de plática, de juego. Nos vamos al Mundial”.
Si Vicente no se hubiera ido hace unos años, mañana estaría con él disfrutando el juego inaugural.