M+.- Una nueva propuesta para terminar la guerra. Otra espera para su revisión o rechazo. La última, parece proponerle a la Casa Blanca un mes más para negociar la apertura del estrecho y los asuntos nucleares. Otra advertencia de infierno delirante por parte de Washington, con tres días de plazo para no perder costumbre y la extorsión iraní de la semana. Ahora, Teherán amenaza los cables sumergidos en Ormuz que conducen parte de la red de comunicación en el Pérsico.
Tenemos ya la matrioska de los ceses al fuego. Si los objetivos de Tel Aviv y Washington se fueron separando desde el inicio, es aún más frágil su distancia frente a la necesidad estadunidense de terminar este episodio. Desde algunas perspectivas regionales, esa fragilidad, políticamente, solo la resuelve Trump dejando a Netanyahu asumir responsabilidad sobre los peores escenarios. Lo peor para uno no es forzosamente para el otro.
Si en la lógica de la Casa Blanca un bombardeo fuerte y corto impondría presión sobre las negociaciones sin que ello implique la escalada completa —algo probable—, poco indica que ello rompería el estado actual de las cosas.
Reportes cuentan unos 4 mil arrestos en Irán desde finales de febrero. Alrededor de 30 ejecuciones contra presos políticos. Arabia Saudita recibió otro ataque, Emiratos también, cerca de una estación de energía atómica.
Nadie se sorprende si se mantiene el estancamiento de estas semanas y nadie debería de hacerlo si las diferencias entre Netanyahu y Trump, o si la falta de estrategia de éste, vestida de impredecibilidad, o si la desfachatez coercitiva de Teherán lleva a reiniciar las confrontaciones.
Lo insostenible de la situación desespera. No afecta igual en todos lados. Hacia México, cuando la artificialidad en el precio de la gasolina sigue siendo políticamente prioritaria ¿qué tan preocupados estarán en Palacio de continuar la condición de Ormuz? Toda realidad alterna tiene límites.
El margen de tolerancia para Abu Dabi se rebasó hace tiempo. En el marco de su salida de la OPEP, el interés de cooperación con Estados Unidos para la explotación de nuevos yacimientos en su territorio es una dificultad más que tiene Trump para salir de donde no quería encontrarse.