Política

El chip marxista de la 4T

Escuchar audio
00:00 / 00:00
audio-waveform
volumen-full volumen-medium volumen-low volumen-mute
Escuchar audio
00:00 / 00:00

La 4T es la 3T en estado primigenio o, más precisamente, un intento de retorno al cardenismo. A mediados de los años 30 se estableció en México un hiperpresidencialismo con base popular: el Ejecutivo tenía el control del Legislativo y del Judicial y operaba, por medio de su partido hegemónico, un sistema político corporativo y clientelar. La fuerza electoral que entonces provenía del apoyo de campesinos —reforma agraria— y obreros —sindicalismo oficialista— emana hoy de programas sociales e incrementos salariales.

La división de poderes es contraintuitiva —parte de la racionalización que impide el mando único por sus efectos nocivos en la sociedad— y por ello la forja del consenso democrático tomó tanto tiempo. La 4T quiere cambiar en dos sexenios el paradigma de la democracia plural por el de una suerte de dictablanda del proletariado. Fiel a los cánones del populismo, pretende saciar su sed de dominio en una Constitución a su imagen y semejanza, con Morena haciendo las veces del PRM, y está cerca de culminar el proceso.

Me explico. El político tradicional justifica su pulsión autoritaria bajo la conseja de que él sabe gobernar y los contrapesos solo sirven para estropear su trabajo. Pero los hay que cargan un chip marxista que agrega tres argumentos: 1) el orden capitalista es intrínsecamente injusto, está hecho para privilegiar a los ricos y mantener la explotación de los pobres, y por ello debe ser destruido; 2) los intereses que sustentan ese orden son asaz poderosos, por lo que la tarea de destrucción presupone una transformación épica que exige acopiar todo el poder; 3) la autocracia resultante es “democrática” porque quien concentra las funciones de ejecutar, legislar y juzgar representa los intereses populares, no los de la burguesía. Ojo, este chip no siempre es teórico: a veces se instala y se activa sin haber leído a Marx.

Creo que de ahí viene la 4T. López obradorista mucho de ser marxista; es un populista de izquierda que bien podría ser ex comulgado por los puristas de su movimiento —sostiene que en nuestro país la acumulación del capital no fue resultado de la plusvalía y que lo que ha de cambiarse es la superestructura política, no la infraestructura económica—, pero su lógica es similar. La pluralidad, para él, implica la competencia entre los machuchones y el pueblo, lo cual posibilita que el PRIAN retorne al gobierno. No pide abolir las clases, pues, sino acabar con la alternancia electoral. ¿Cómo? Con un partido que gane las elecciones y convierta tramposamente su mayoría simple en el Congreso en mayoría calificada, con una reforma judicial que morenice a la Suprema Corte y al Tribunal de Disciplina y con una reforma electoral que le permita perpetuar al nuevo Hegemón. Solo le falta el último paso, que está a punto de dar.

He aquí la respuesta al pertinente cuestionamiento del coordinador de los diputados del PT. Su asombro ante la necedad morenista de reformar el sistema de elecciones pese a que ya tienen el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial —por cierto, es el primer reconocimiento público de un dirigente cuatrotero de que “tienen” a los juzgadores— se disipa ante el afán de perpetuidad explicado en el párrafo anterior. ¿Pero qué necesidad? La de atrasar un siglo el reloj político de México.


Google news logo
Síguenos en
Agustín Basave
  • Agustín Basave
  • Mexicano regio. Escritor, politólogo. Profesor de la @UDEM. Fanático del futbol (@Rayados) y del box (émulos de JC Chávez). / Escribe todos los lunes su columna El cajón del filoneísmo.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.