Política

Pensar la enfermedad

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El sentido de urgencia obliga a que la mayor parte de los elementos que conforman la vida se piensen dentro de ella, desplazando a los entornos que acentúan la emergencia: la mediocridad política a su alrededor. La tragedia de la enfermedad no solo se sitúa en las muertes y en los efectos económicos, también en nuestra relación con el fin y el miedo. Han sido abundantes las reflexiones que relacionan los vicios de los modelos administrativos en prácticamente todo el mundo, con fallas de respuesta ante la pandemia, pero es prudente detenerse en la responsabilidad de lo que hemos hecho con la política de los últimos años.

Políticamente, el primer saldo de la enfermedad está siendo la dificultad para establecer diálogos fuera de los extremos de supuestas dicotomías. La torpeza de casi todo gobierno los ha llevado, en algún momento de la crisis, a ver la enfermedad desde un encierro intelectual en el que el localismo es equivalente a la incapacidad para adecuar ideas.

Qué limitado resulta un político que, en medio de la pandemia, enuncia las mismas frases que repetía en salud. Qué común se ha hecho pensar la enfermedad desde convencimientos que se resisten a cualquier concepto que no fuera el que antes se insistía.

Tan monstruoso es morir por una enfermedad contagiosa, que el virus les arrebata a los vivos el derecho a despedirse. Llegará el momento de hacerlo y aunque la revisión del tiempo no parece apremiar frente a las muertes en soledad, también tocará el turno.

Habrá que preguntarse cómo nos sentíamos cómodos en nuestra añeja normalidad. Un escenario donde ningún país contaba con la infraestructura suficiente para una crisis sanitaria que, en el recuento histórico, ha tenido hasta el momento una tasa de letalidad menor a la de otras más focalizadas. De la influenza española, al Ébola del antiguo Zaire.

Sin importar que la salud es nuestra principal fragilidad, en estos meses evidenciamos los altos alcances de nuestra tolerancia a la mentira. En el mundo nos acostumbramos a los monólogos que surgen de no confrontar versiones oficiales, trabajo periodístico y discurso popular. Aceptamos que un presidente diga que su país está entre los que tienen menos contagios, cuando los reportes internacionales mostraban unas cuantas decenas en mejores condiciones. La necesidad de politizar nuestros conflictos para acercar sus soluciones ha reflejado el mal estado en que se encontraban nuestras ejecuciones políticas.

El comportamiento ante la enfermedad ha aflorado nuestra escasa memoria civilizatoria. A distintos niveles, el miedo se expresa en la ruin violencia contra el personal sanitario, así como en el disfraz de ideologías buscando ser el enunciado central de discursos que no leen el temor compartido. Tampoco han sido raros los gobiernos que conjugan mal la finitud de sus proyectos.

Al refugiarnos en nosotros mismos, ya es hora de darnos cuenta de que la imagen en el espejo no era tan alentadora.

A lo largo de varias décadas construimos una confianza que nos distanció de la desgracia común. Cometimos el error de creer que el siglo XX era muy lejano. En esta ocasión, tenemos la obligación de hacer permanente la tragedia y permitirnos hablar de tristeza.


@_Maruan

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Maruan Soto Antaki
  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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