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Domingo , 24.03.2019 / 06:12 Hoy

Apuntes incómodos

La otra izquierda

Maruan Soto Antaki

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Al hacer un ejercicio de conciencia histórica, resulta frustrante la manera en que México sigue relacionándose con las dicotomías ideológicas. Perdido en las metamorfosis de lo que una vez se entendió como el pensamiento de izquierda, se encuentra el desdén del gobierno mexicano hacia nuestra crisis de derechos humanos. De migrantes desaparecidos a la renuncia de la verdad. Aquello que siempre ha importado poco se mantiene en lo inhóspito. Las víctimas de la violencia o los pendientes de género y diversidad se afirman prioridades, pero descansan en un limbo donde lo retórico desprecia la urgencia y la responsabilidad.

El impulso por querer cambiar lo incuestionablemente tóxico, admitió suponer que preocupaciones más recientes se irían incorporando al abstracto de la izquierda y su búsqueda de justicia social, política y económica. La generación que se hizo de izquierda porque la realidad no gustaba, enseñó las posibilidades de cambiarla, pero luego vio que se podían acomodar a ella desechando la realidad de alguien más. Otras generaciones aprendieron solo lo último.

En México no hemos tenido una izquierda con la honestidad intelectual suficiente para reconocerse en sus caminos y tragedias. Tenemos una multiplicidad de acepciones zurdas. Conviven hasta la decepción una izquierda que abraza la verdad para miles de víctimas en un país que las olvida, con una izquierda previa a la conciencia de los derechos humanos. Aquí se entrecruzan la izquierda que exige el reconocimiento al derecho de una mujer a decidir sobre su cuerpo, que pelea por la paridad de condiciones entre la diversidad, con una capaz de negociar esas mismas prioridades y que jamás tuvo que ser responsable de sus actos.

Cierta lógica se asoma en la distancia del discurso a las acciones. La izquierda, víctima de abusos, da la impresión que solo vio la reclusión y la tortura como una afrenta a los derechos políticos y no una violación a los humanos. Hoy que conquistaron los primeros no comprenden los segundos. Parte de nuestra izquierda se construyó en entornos predominantemente urbanos, entonces la realidad indígena perteneció a las fotos de su juventud, para luego excluirla e impactarse contra ellos. Es predecible la incompatibilidad en una balanza que pesa la ecología con una noción particular de la lucha de clases.

Hoy veo con enojo a esa izquierda que se decantó por pavimentar su nostalgia del futuro a través de la reescritura del pasado, en aras de afirmar que pasaría lo que no podían asegurar. Arrogante y vanidosa, implora de nueva cuenta que será capaz de lograr lo que nadie había conseguido, como si la historia no hubiese dado señas de sus errores.

Sigo preguntándome qué pasó con la izquierda mexicana para convencerse de la necesidad de concesionar medios de comunicación a la Iglesia para inculcar valores. Sigo preguntándome hasta qué punto aguantará el matrimonio entre una izquierda que abandonó el discurso alrededor de los derechos humanos, con la izquierda que no está dispuesta a abdicar sus principios.

Si a alguien le interesa que décadas de luchas no terminen en el suelo, se podría empezar a hacer oposición rescatando lo que la cabeza del gobierno mexicano trata como migajas.

@_Maruan

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