Política

Habitar el desencanto

El debate político está embriagado de una perversa fascinación por el caos. La imposible claridad sobre el futuro que carga la pandemia no encuentra referencias adecuadas y Palacio Nacional ha optado por gobernar desde la bipolaridad retórica. En el país donde hasta un semáforo de tránsito se relativiza, donde dependiendo de su prisa el conductor ojea verde una luz roja, la irresponsabilidad política hace pedagogía. Aquí convive el aliento del Presidente para que la gente salga de sus casas, con la insistencia opuesta en el funcionario voz de su estrategia sanitaria.

Entre los defectos habituales de los políticos, la frecuencia ha sido vergonzosa en Latinoamérica. Dentro de ella, la política mexicana se viste de gloria con fallas que adoptan nuevas formas sin dejar de repetirse.

Cuando pudimos discutir nuestra esquizofrénica modernidad conservadora, nos quedamos con la simplicidad de sus relatos. Embestidos por la pandemia, hacemos lo mismo con imágenes caricaturizadas de izquierdas y derechas; liberales o conservadores, que apenas alcanzan para anécdotas recitadas por quienes ven en ellas todos los demonios. En un entorno político que admite tan bien el autoengaño, es alto el riesgo de enfrentar a la enfermedad con retórica vial.

Tanto en nuestra vida política como en la enfermedad, si no entendemos la diferencia entre el relato y el sujeto de lo relatado, nos quedaremos en las concepciones anecdóticas y vacías. Nos conformaremos con acepciones mal envejecidas que anulan inquietudes insolutas en sectores sociales, políticos y económicos.

El sueño colectivo tuvo poco de ideológico y mucho de habitar el desencanto. El sujeto del relato es un país donde la violencia no cesa y la creación diaria de enemigos se impone con indolencia sobre las víctimas de la falta de construcciones políticas.

En medio de la enfermedad, el gobierno mexicano habla de un viejo régimen. Aquí, antes que regímenes tenemos una tradición de gobiernos dimensionando su pequeñez al encantarse por halagos de quienes piensan como ellos. Ayer y hoy. Mientras, sus respectivos antagonismos repiten la palabra dictadura sin tener la menor idea de qué es una.

Ni régimen ni dictaduras son conceptos para definir la política mexicana contemporánea. Son la reducción que exacerba la poca intención de construir un Estado capaz de enfrentar la emergencia cuidando el mínimo bienestar.

Nos equivocaremos de suponer que la sociedad mexicana es la única que puede sobrevivir siendo indiferente a las fallas de su cultura política. La falta de coherencia que hemos admitido en el discurso alrededor de la enfermedad establece el modo con el que discutimos los aspectos más básicos de nuestra vida pública. Una imagen irracional del mundo no debe ser refugio contra el desorden.

No es muy original un gobierno que refuerza identidades ante la falta de salud, una crisis económica y la posibilidad de ver destruido, gracias a la pandemia, cualquier avance contra la desigualdad. Toda crisis alienta el resurgimiento de lo arcaico. Nuestros arcaísmos son mitos fundacionales escritos para ganarle terreno a lo político.

Con su simplificación de la tragedia, el Presidente mexicano ha renunciado a pensar su complejidad. 


@_Maruan

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Maruan Soto Antaki
  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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