Política

El gran conservador

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Este es un país donde cierto espíritu esquizofrénico relativiza el uso político del término conservador. La dificultad para entender el conservadurismo nacional fuera de su acepción decimonónica exhibe la vocación conservadora en quien presume su inflexibilidad al cambiar de posturas.

En la confusión de un concepto relativamente sencillo, el Presidente no pasa por alto que México es un país de arcaísmos profundamente arraigados. Indispuesto a contradecirlos, no hay desfase sino utilización política de nuestras peores cualidades. Repleto de seguridades que no aceptan evidencia más que las suyas, le habla al sustento reaccionario de la mexicanidad. La que ve el mejor futuro en la recuperación de un pasado al que exime de ser el punto de origen de muchos vicios. Si en verdad su calidad fuera otra, no tendría problema en abandonar las bondades que da la mayoría y se haría de valor para contradecir a una sociedad que considera impoluta.

Generalizo el conservadurismo mexicano para evitar el error de suponer que nuestras excepciones se han hecho regla.

Conservador es el país donde se ve con malos ojos la despenalización y legalización de las drogas, y los ojos del Presidente coinciden. Conservador es el país donde muchos suponen respetable la opinión de quienes consideran limitar el derecho de otras personas, y el Presidente respeta. Conservador es el país donde se atesoran las estructuras patriarcales sin dimensionar sus saldos, y el Presidente no se desvía de un discurso tan predecible que se resiste a modificarlo. Conservadora es la sociedad en la que se reciben con facilidad las justificaciones personales a la violencia: la tendencia a culpabilizara las víctimas. Conservador es el Presidente que no detecta el fomento al cretinismo cuando estigmatiza a víctimas de la violencia. Llevamos unos cuantos de ellos y seguimos contando.

La única razón por la que es necesario dedicarle tanto tiempo a las declaraciones de un presidente, es porque a partir de ellas, en un país como México, se desarrolla la forma en que se enfrentan múltiples problemas. Se justifican prejuicios, discuten políticas o se evaden realidades. Para ese gran conservador, la obsesión por su grandeza lo lleva a darle continuidad al conservadurismo que gobierna.

La historia de nuestra derecha hizo que prescindiera de la buena reputación, sus recientes notables fueron incapaces de pensar en su necesidad e importancia política. En simultáneo, parte de nuestra izquierda creyó que la etiqueta era suficiente para no ser conservadora. A zurdos de nuevo ingreso se les regaló el reconocimiento por contagio y olvidaron que, para mantenerlo, se debe hacer algo más que aplaudir discursos con intenciones inspiradoras.

El mundo entero se puede querer ocultar con palabras, pero el cambio cultural bajo el que una sociedad atenúa sus rezagos implica entender la urgencia por modificar ciertos códigos. Si el gran conservador no cambia hacia dentro, cómo entenderá al cambio que toca la puerta de su casa.

La política moralizadora es el insumo de todo gran conservador. Aquí, la insistencia en tildar a diestra y siniestra con sus propias características resulta una manera más de seguir hablando de sí mismo. 


@_Maruan


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Maruan Soto Antaki
  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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