Cuando en plena guerra, Churchill visitó Harrow, su colegio de la adolescencia, y que ahora como Primer Ministro, lo recibiera cantando:
“No menos alabamos, en estos días tan oscuros al líder de nuestra nación.
Y en cada nueva generación sea el nombre de Churchill objeto de aclamación”.
Además de agradecer a alumnos, maestros y director, pidió autorización para cambiar “oscuros” por días “duros”.
“No vivimos tiempos oscuros, sino tempos magníficos -los más grandes que nuestro país haya vivido jamás- y todos debemos dar gracias a Dios de que se nos haya permitido formar parte, cada uno en nuestro puesto, de este periodo memorable de la historia de nuestro pueblo”, les dice a los presentes en su mensaje.
Lástima que aquí no podamos decir lo mismo, ni por la circunstancia, ni por el líder ni por la gracia de Dios.
Y es que en México la peste ha puesto los días duros, pero el gobierno los ha vuelto oscuros, lejos de lo grandes, memorables y mágicos que los suyos le parecieron a Churchill, a pesar de amanecer entre muertos y escombros e irse a dormir en medio de los aterradores bombardeos nazis en Londres y buena parte de Inglaterra.
Duros nuestros días ante el impacto en la economía de los hogares mexicanos y la quiebra de las pequeñas, medianas y grandes empresas; oscuros ante la indolencia e incompetencia de quienes gobiernan no con afanes de gloria, sino de revancha.
Duros nuestros tiempos, por las muertes, el hambre y la desesperación de millones; oscuros por las cifras falsas, el ocultamiento muertes que saltan a la vista del mundo, así como la falsa, trasnochada y absurda pugnacidad ideológica de este emisario de la desolación que despacha como presidente.
Días duros ante una pandemia mundial que nos mantiene encerrados y asustados; oscuros ante la ignorancia, la perversidad y la manipulación de un gobierno populista, absorbente y autoritario que no acepta el más mínimo escrutinio por parte de los medios de comunicación, incluidos The New York Times, The Washington Post, El País y el que se atreva a voltear a ver el desaseo de este hatajo de bolcheviques chichimecas tardíos.
Tiempos duros ante la falta de insumos, equipo médico e instalaciones hospitalarias adecuadas; oscuros ante el silencio cómplice, y cobarde de una oposición desarticulada, confusa y difusa.
Tiempos duros ante el fracaso cada vez más dramático de una nación que no se ha podido consolidar; oscuros ante la zozobra, la rendición y la autocomplacencia, como si estuviéramos condenados a la miseria, la violencia y el abuso sistemático.
Tiempos duros ante la falta de un liderazgo emergente o alterno; oscuros ante la amenaza de sofocarlo si en él se advierten ciertos “moditos” que no le gusten al personaje cuya caricatura sale todas las mañanas en la tele, a veces para hacer reír, otras para hacer llorar, confrontar, dividir o hacer las veces de florero.
Tiempos duros ante el dolor y la tragedia humana; oscuros ante la nula esperanza de que pronto puedan ser mejores.
Tiempos duros, oscuros y muy jodidos para este pobre país.
ceo@mkf.mx