Sociedad

¡Qué emoción!

  • Columna de Marco Sifuentes
  • ¡Qué emoción!
  • Marco Sifuentes

Hoy toca hablar sobre uno de los más importantes ingredientes de una campaña: la emoción.

Prevalece el falso debate sobre si las campañas deben ser racionales o emocionales.

En principio, toda emoción proviene de la razón, pues, literalmente, el corazón no se manda solo como suelen suponer las canciones, los poemas, las novelas románticas y los culebrones.

En la vida real, todo sentimiento proviene de la razón y es esta la que ordena al corazón acelerar sus latidos, por lo tanto, debemos explorar las motivaciones de los votantes y asumirlas como nuestras para construir una narrativa inspiradora, sensible y emocionante. Tampoco significa que toda campaña deba ser siempre racional o siempre emotiva; sino oscilar y adaptarse al momento y la circunstancia, la temperatura y el estado de ánimo de los grupos sociales.

Claro que las mejores campañas y las más exitosas son aquellas que logran conectar con el sentimiento de las personas, sin manipularlas, más bien, estableciendo un proceso dialéctico de valores y anhelos compartidos.

Hay también campañas frías y aquellas que siembran miedo y desconfianza; las que polarizan y esparcen insidia, división y odio, las cuales logran efectividad inmediata pero cargan con un pecado original difícil de despojarse en el ejercicio de gobierno. Son las preferidas de quienes no aspiran a la cohesión social sino al autoritarismo.

En democracia, perseguimos otro fin, el de la fraternidad, el entendimiento, la unidad y el bien común. En democracia, buscamos a través de las campañas, apelar a la razón, tocar las fibras más sensibles y llegar a lo más profundo del alma.

En democracia, anhelamos campañas vibrantes, apasionantes y alegres, porque lo que está en juego tiene que ver con nuestras vidas. Si un partido de fútbol es capaz de paralizar, involucrar y conmover a millones por un par de horas, ¿por qué no habría de hacerlo una campaña electoral que determinará nuestro presente, futuro y el futuro de nuestras hijas e hijos?

No conozco campañas desangeladas que hayan trascendido y, para ejemplo, las de Josefina Vázquez Mota, a presidenta y a gobernadora; la de Ricardo Anaya y la de José Antonio Meade. Tal vez la excepción sea la de Calderón, que aunque no logró emocionar ni a Margarita, lo puso en la silla, a partir del miedo, aunque con tan estrecho margen, que dio pie a la cantaleta del fraude por parte de Ya Sabes Quién y que hasta la fecha carga con la duda sobre su legitimidad en amplios sectores, aún se trate de los más ignorantes. ¡Pero qué necesidad!, dijera aquél.

Para emocionar, hay que saber identificar los símbolos y representarlos. Para hacerse sentir, hay que sentir al otro; ponerse en sus zapatos, entenderlo, asumir como nuestro su dolor y ayudar a aliviarlo. Para emocionar a los demás, emociónate tú mismo; trabaja duro, sé valiente, honesto, congruente y ejemplar.

Los próximos días veremos quiénes son capaces de conquistar la victoria a partir del corazón y quiénes se perderán en el galimatías de su propio discurso, la compra de votos y el uso indebido de los programas sociales con ominosos fines electorales. Los primeros vencerán a los segundos, siempre.

Google news logo
Síguenos en
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.