Sociedad

No se automedique

  • Columna de Marco Sifuentes
  • No se automedique
  • Marco Sifuentes

Cuenta la leyenda que un viajero se detuvo a cargar gasolina en algún pequeño pueblo de cuyo nombre no viene al caso acordarse. El hombre que lo atendió se veía seriamente compungido, por lo que el fuereño le cuestionó sobre el motivo de su pena. El despachador le respondió que tenía una sobrina convaleciente desde hacía meses y desahuciada por todos los médicos que la habían diagnosticado hasta entonces.

Intrigado por el caso, después de pagar su cuenta, el hombre al volante confesó ser médico y se ofreció a visitar a la pobre muchacha, eso sí, sin comprometerse de más. Ambos fueron al lugar donde yacía la enfermita, rodeada de familiares y curiosos pueblerinos que acudían a darle infructuosos ánimos.

El médico pidió un momento a solas con ella y luego de unos minutos salió de la habitación y con tono esperanzador ordenó que llamaran al novio de la paciente para que la pareja pasara la noche juntos. Con eso estará curada, advirtió.

Al principio, el tratamiento despertó dudas y algunos cotilleos y consignas maliciosas, pero el bien superior de la vida de esta joven se impuso al bullicio y la falsa sociedad y así fue que mandaron traer al sorprendido enamorado. El médico se retiró con la sonrisa del deber cumplido y tan seguro estaba de su diagnóstico que no fue necesario conocer el desenlace sino hasta un año después que pasó de nuevo por el lugar y se detuvo a cargar combustible.

Fue cuando le preguntó al despachador sobre el estatus de aquella atribulada adolescente.

La respuesta fue que esa misma noche el mal había desaparecido gracias su milagrosa receta.

Aunque no todo eran buenas noticias, le confesó el despachador. El padre de la chica había caído en desgracia por causa de algún mal que lo mantenía en cama por más de seis meses a pesar de que le habían llevado a distintos hombres e incluso a un burro, para aplicarle el mismo tratamiento que a la hija, sin efecto positivo ni mejoría alguna.

La moraleja de esta inmoral historia es simple: No se automedique. Lo que aplica para algunos, no precisamente aplica para todos. Así sucede en las campañas políticas. Mucha gente copiando modelos de aquí y de allá, plagiando estrategias, lemas y hasta melodías, recurriendo a odiosos lugares comunes y cayendo en manos de burros que poco o nada saben sobre comunicación política y terminan dejándolos, literalmente, ensartados.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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